HomilÃa del padre Manuel Jiménez, el lunes 2 de febrero durante la eucaristÃa por sus 50 años de vida sacerdotal.
Pbro. Manuel Jiménez GarcÃa
El Señor me ha concedido vivir todos estos años en el ejercicio del ministerio sacerdotal. Doy gracias a Dios por el misterioso don del sacerdocio, por el bien que me ha concedido hacer y por las comunidades donde he estado. Agradezco su compañÃa y aprovecho para pedir perdón a Dios por no haber cumplido bien la tarea, a las comunidades por lo que les haya faltado.
El misterio de nuestra llamada
El evangelio según san Mateo empieza con la genealogÃa general de Jesucristo.
Lo que sorprende, en primer lugar en la lectura del texto, es el misterio de la vocación, de la elección por parte de Dios, llena de gratuidad y de amor, incomprensible a los alcances de la razón e incluso, a veces, escandalosa.
Abraham elige como su primogénito, en vez de al hijo de Agar, a Isaac, el segundo génito, hijo de la promesa, de su mujer Sara.
Isaac quiso bendecir a su primogénito, Esaú, pero al final bendijo a Jacob, según el misterioso designio de Dios.
Jacob, en este proceso de avance hacia el MesÃas, no elige a Rubén, el primogénito, ni a José, el más amado de los hermanos, el que salvó al pueblo del hambre. La elección cayó sobre Judá, el cuarto hijo, responsable con los demás hermanos de la venta de José a los mercaderes.
Es, en verdad, desconcertante la elección que Dios hace de los antepasados del MesÃas. Todo esto ilumina el misterio de nuestra vocación. «No me han elegido ustedes a mÃ, sino que Yo los he elegido a ustedes» (Jn 15, 16).
No hemos sido elegidos a causa de nuestros méritos sino solamente a causa de su misericordia. «Con amor eterno te he amado» dice el Señor (JeremÃas).
Ésta es nuestra seguridad: «Yavé desde el seno materno me llamó» (Is 49, 1). Éste es nuestro orgullo: saber que hemos sido llamados y elegidos por amor.
Esta fecha, esta celebración, es tiempo propicio para expresar mi infinita gratitud al Señor, «porque es eterna su misericordia».
Y lo hago desde el fondo de mi corazón, con humildad y reconocimiento. «Levantas del polvo al desvalido, alzas al pobre del estiércol, para sentarlo en medio de los nobles de su pueblo» (Sal 133, 7-8).
De los reyes presentes en la genealogÃa de Jesús, sólo dos de ellos fueron fieles a Dios, Exequias y JosÃas. Los demás reyes fueron idólatras, criminales, asesinos…
Después del destierro, sólo dos personajes fueron fieles al Señor: Salatiel y Zorobabel. Los demás son o pecadores o personajes desconocidos.
En el rey David se entrelazan la santidad y el pecado. En el Salmo 50 confiesa sus pecados, adulterio y asesinato.
También las mujeres que san Mateo nombra en su evangelio transmiten la vida como bendición de Dios y despiertan en nosotros cierta emoción; pero está en una situación irregular: Sarmar es una pecadora; Rajab, una prostituta; Ruth, una extranjera, «la moabita» y asà «la mujer de UrÃas, el hitita».
Y sin embargo, el rÃo de la Historia, crecido en los pecados y crÃmenes, se convierte en una fuente de agua lÃmpida cuando llegamos a MarÃa, la Madre de Jesús, el MesÃas, en quien son rescatadas todas las generaciones.
Que esta lista de pecadores y pecadoras no nos escandalicen. Esta lista exalta el misterio de la misericordia de Dios.
Y volviendo la vista al Nuevo Testamento, vemos como Jesús eligió a Pedro, que lo negó, a Pablo que lo persiguió; y que, sin embargo, son columnas de la Iglesia.
En la actualidad, la historia oficial de los pueblos está llena de las victorias, de los héroes y grandezas. La historia de la salvación es un caso único, admirable: un pueblo que en su historia oficial no oculta los pecados de sus antepasados.
Por eso, el misterio de la vocación es el misterio del pecado y de la gracia, es el misterio de la esperanza. Dios viene para volver a crear el mundo, que tiene a la esperanza.
Con la Encarnación ha llegado el Reino, la plenitud de los tiempos, pero este Reino va creciendo lentamente, ocultamente, como un granito de mostaza. Entre la plenitud y el final de los tiempos, la Iglesia está en camino, es el pueblo de la esperanza. Continuará…
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