Pbro. Alfredo Hernández Vázquez
Algunos teólogos modernos se extrañan por que el santo Cura de Ars haya sido declarado por el papa PÃo XI, el 23 de abril de 1929, patrono de los párrocos.
Lo primero que tiene que ver un cristiano de cualquier época con el santo Cura de Ars es su espÃritu de oración. Él fue un modelo de intensa y continua oración. Sin duda, recordaba la recomendación de Jesús: «Es preciso orar sin desfallecer».
El santo Cura de Ars fue un hombre profundamente generoso que nunca vivió para sà mismo, sino para socorrer y ayudar a cuantos necesitados acudÃan a él. No fue enemigo de la libertad ni de la igualdad ni de la fraternidad que no muchos años atrás habÃa proclamado la Revolución Francesa, pero las entendÃa como las proclamó Jesús, fundadas en el auténtico amor a Dios y al prójimo, pues no es posible amar a los enemigos y hermanarse con ellos sino sobre la base de una honda aceptación y abnegación de sà mismo.
Por eso, el santo Cura de Ars logró hacer de su parroquia, antes de relajadas costumbres, un modelo para Francia y para el mundo entero. Ejerció tan eficazmente su ministerio sacerdotal en el medio rural de su parroquia, que hasta ilustres personajes acudÃan a él. Se estaba convirtiendo en el cura de Europa y América. A su confesionario, que llegó a atender durante muchas horas diarias, acudÃa toda clase de personas. Su secreto era la oración y su entrega, llena de comprensión y amor para todas las personas que acudÃan a él, grandes o pequeñas, ricas o pobres, sabios o ignorantes.
El santo Cura de Ars ha dejado un testimonio y un ejemplo para todos los sacerdotes que quieran entregarse al servicio de sus hermanos. El papa PÃo XI no se equivocó al proclamarlo santo patrono de todos los párrocos.
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