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El sacerdocio, mi realización, Padre Rafael Gutiérrez Zapata

Texto: Fernando Rueda Rojano

El padre Rafael Gutiérrez Zapata es originario de La Orduña, Coatepec, Veracruz. Hijo de los señores Gregorio Gutiérrez Reyes (+) y María Encarnación Zapata (+) y el mayor de 6 hermanos: 3 mujeres y 3 varones.

Ahí, en La Orduña, vivió su infancia, fue al catecismo, hizo la primera comunión, cursó la primaria, en la escuela Benito Juárez, la secundaria, en la escuela María Enriqueta, en Coatepec, y la preparatoria, en la Escuela Técnica 36, en Xalapa.

Entrevistado en su parroquia de Santa María Magdalena, en Xico, después de la misa dominical, recuerda sus años de juventud, cuando quería estudiar Ingeniería, pero el padre Lino Larios (tío del actual Arzobispo de Xalapa) lo invitó a asistir a una jornada vocacional. Así, en 1974, ingresó al Curso Introductorio, en Teziutlán, Puebla. En segundo año de Teología, fue auxiliar en el Seminario Menor. Y fue ordenado sacerdote el 24 de octubre de 1984. En ese mismo año, sirvió en el Seminario Menor como padre espiritual. Estudió de licenciatura en Teología Espiritual en la Universidad Gregoriana, en Roma. Al regresar, retomó el trabajo en el Seminario en Orizaba, Veracruz y Xalapa. «Después de 16 años que estuve en el Seminario, me pidió el señor Arzobispo venir a la parroquia de Xico, que colaborara con él. Y cumplí 9 años de estar aquí».

La de Xico es una parroquia grande. En la cabecera parroquial son unos 23 mil habitantes más las 26 comunidades que el padre Rafa atiende con el vicario, el padre Juan Andrés Sánchez Fuentes.

Mi vocación
«Al que le comenté de mi inquietud por entrar al Seminario fue mi papá. Él, con la experiencia de un padre, me decía que lo pensara, que observara lo que implicaba ingresar al Seminario, cuál era la vida de los sacerdotes, cuáles son las exigencias. Pero, quizá motivado por el entusiasmo de esa edad, no alcancé a ver alguna otra objeción mayor e ingresé, después de esa invitación a reflexionar el ingreso al Seminario».

Para el padre Rafa, el Seminario fue también un tiempo de discernimiento «porque no es que ya lleves la certeza de querer ser sacerdote. Siempre me fui haciendo preguntas acerca de si el irme respondía a un auténtico llamado o si era evasión a alguna otra obligación o exigencia de la vida ordinaria». Eso lo llevó a tener la experiencia de trabajo. Durante toda su formación en el Seminario, en las vacaciones de verano y diciembre, trabajaba en un taller. «Mi deseo era estudiar Ingeniería mecánica y especializarme en cajas de velocidades pero automáticas. No lo hice, pero tampoco me quedé con las ganas de estar en contacto inmediato con esa parte mecánica. Tengo gratos recuerdos de esa etapa. Algunos compañeros aún viven. Algunos nos frecuentamos. Conservo cierta familiaridad con ellos. Esa experiencia a mí me ayudó, me dio mucha claridad para decir que me iba (al Seminario) pero no para evadir alguna realidad exigente de la vida, como trabajar y sostener una familia, lo que una persona debe hacer en su hogar».

Mi opción
«En La Orduña habían estado dos sacerdotes que parece que habían tenido problemas de relaciones humanas, pero también hecho mucho bien. Entonces me pregunté por qué estas personas que tanto bien habían hecho habían renunciado a este género de vida. Eso me interesó y me motivó también. Ya hasta que vi las implicaciones de la vida sacerdotal, pude entenderlos mejor. Pero no me desalentó sino que me propuse descubrir que si ése era un camino de realización personal, quería hacerlo libremente. Y así lo he ido buscando cada día: un camino de realización personal y de servicio a los demás».

Renovación sacerdotal
Después de 25 años de vida sacerdotal, el padre Rafa ha encontrado en la Filosofía hay un campo de búsqueda de la verdad de las cosas. «Me ayuda a disfrutar la relación humana, a redescubrir cada día la importancia tanto de la mujer como del hombre, la relación hacia nosotros los varones o los sacerdotes, la grandeza de los niños, la dignidad de la familia, el interés por construir o participar constructivamente en una sociedad en la que me encuentro...». La meditación de la Sagrada Escritura y la Teología «me alimenta, me da claridad y certeza al compartir con la comunidad cristiana lo que significa la palabra de Dios. De esta forma siento que renuevo mi ministerio diariamente un poco apoyado en mi experiencia y, sobre todo, en la gracia de Dios y también en la presencia de una comunidad cristiana» asegura.

Lo que más me gusta
«Lo que más me gusta de ser sacerdote es la relación humana, porque es compartir valores, inquietudes, expectativas, el preguntarnos siempre sobre los retos de la misma vida y de la sociedad, de un mundo marcado por la globalización y por ciertos signos muy marcados de terrorismo, pero que no me da temor sino que con mucha confianza reflexiono con quienes también les gusta reflexionar y poder compartir esta gama de inquietudes».

Sacerdocio y escándalos
Los escándalos en los que se han visto involucrados algunos sacerdotes, al padre Rafael le hacen pensar «en la veracidad de las noticias. Porque en 25 años (de sacerdote) he alcanzado a conocer a muchos de esos sacerdotes y sé lo que alcanzan a hacer y lo que no alcanzan a hacer y cómo los medios de comunicación hacen una suma de agregados negativos en torno a la persona y a la dignidad de los sacerdotes». Con esto, también «es necesario ser claros e ir viviendo en relación con los demás sin temor y tener atención o cuidados, saber revisar jerárquicamente cuáles son nuestras recreaciones, qué ambientes debemos frecuentar y cuáles evitar».

A los seminaristas
«Que cada uno descubra y viva la etapa en que se encuentra, que no se consideren ‘padres chiquitos’, sino que vivan la etapa, el momento, de acuerdo con los criterios que los hijos de Dios estamos llamados a considerar. Que vayan aprendiendo a crear hábitos de estudio, de comportamiento, de relaciones humanas, de relación con Dios. Cuando se va teniendo esos hábitos que se alcanzan por la repetición de un mismo acto, la vida es más fácil. Y que siempre habrá personas adultas que podrán auxiliarlos en momentos de confusión en que se ensombrece nuestro entendimiento o la gama de nuestras decisiones; siempre hay alguien que estará dispuesto a ayudarnos a clarificar el futuro inmediato o el futuro remoto».

También exhorta a los seminaristas a confiar en la gracia de Dios. «Si Dios llama, Él va a ir guiando. Necesitamos dejarnos guiar dócilmente por el Espíritu Santo, por los movimientos que provoca, que a veces son contrarios a nuestros intereses, a nuestros deseos de comodidad, de realización personal aparente. Pero Dios tiene un plan y lo va reflejando a través de los movimientos que el Espíritu Santo provoca en nosotros».

Finalmente
A unos días de cumplir 25 años de vida sacerdotal, el padre Rafa expresa «mi agradecimiento porque no pensaba celebrar o promover algo en torno a mí; sin embargo, las circunstancias de la comunidad, el ir promoviendo una celebración o una fiesta me va haciendo pensar en la importancia de llegar a una edad sacerdotal de 25 años. Sobre todo, saber que no lo vivo aislado, sino que lo puedo compartir con otros, como es a través de esta entrevista. Muchas gracias».

 

 

 

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