Arquidiócesis de Xalapa

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La paz se construye en la unidad de la justicia

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La Palabra de Dios es la base fundamental sobre la que descansa la vida de fe de todo bautizado. Sin la Palabra no puede vivir la Iglesia de Dios. Hoy más que nunca, la Palabra ofrece una voz viva para moldear el interior del hombre que lo haga capaz de salir de la hiriente soledad del individualismo. La Palabra irradia una luz permanente que alumbra el camino de toda persona que busca el sentido y significado de la vida en medio de las circunstancias propias de la época. El Pueblo de Israel experimentó vivamente la cercanía de la Palabra para ser una comunidad amante y promotora de la paz; por eso, se lee en el libro de Deuteronomio: “La palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica” (Dt 30,14).

Por la Palabra, el Pueblo de Dios está llamado a ser signo altísimo de unidad de todos los pueblos, para provocar la acogida de todos los creyentes, de un encuentro con los hermanos en la fe y, también, con los que piensan distinto, de una espontánea búsqueda de soluciones para los problemas comunes que aquejan a la sociedad en que vivimos. La búsqueda permanente de la unidad y de la paz es y será un anhelo humano y divino. Sí es posible la unidad de todos en un proyecto común, para vivir la paz en la justicia desde los niveles donde se desarrolla la persona. Pero es urgente que todos participemos en la toma de decisiones y en la responsabilidad de las tareas de paz y de justicia.

Ahora por el clima de inseguridad, se levantan puestos de control de seguridad, nuestras casas tienen alarmas de seguridad, la mayoría de los espacios públicos están blindados. Todo esto es reflejo de un fracaso de toda la sociedad, que ya no se da la mano ante la sospecha de un posible arranque de violencia. De ahí la urgente necesidad de un paciente trabajo de reconstrucción de encuentro fraterno, de diálogo, de salir al atrio y a las plazas para recuperar la capacidad de estar juntos, de hablar y escucharnos como verdaderos ciudadanos con un destino común: Vivir en paz y justicia. Esta tarea no es fácil, pero es posible si todos participamos desde lo que nos corresponde.

Pbro. Juan Beristain de los Santos