Arquidiócesis de Xalapa

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¿Dónde está el sano equilibrio del progreso?

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Desde la fe cristiana se puede ver la realidad con nuevos ojos. La fe ofrece, a toda persona que tiene la alegría de creer en Cristo, la gran posibilidad de descubrir la belleza, la verdad y la bondad en todas las realidades, acontecimientos y hechos de la vida que expresan lo que es la persona. El Evangelio de San Juan, en esta ocasión, nos ofrece la fuerza y la bondad de la ley del amor que establece la verdadera fuente de la relación con Dios, con los demás, con la naturaleza y con uno mismo: “El que guarda mis mandamientos, después de recibirlos, ése es el que me ama. El que me ama será amado por el Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Jn 14,21). La relación entre las personas está marcada por la fuerza de la ley del amor que renueva todas las fuerzas personales para buscar mejorar el deterioro de la vida.

Hoy, ante las circunstancias sociales y políticas tan complejas que estamos viviendo en México y en Veracruz, es necesario recuperar la relación vivificante entre la inteligencia y el corazón, entre lucidez mental y calidez solidaria, entre la tecnología y la ética del cuidado, entre la ciencia y la belleza del arte, entre las finanzas y la verdadera economía en favor de la persona. Es necesario vivir y asumir un equilibrio armónico entre las fuerzas más auténticas de la persona, para poder encontrar los caminos de justicia, de la paz y del progreso de todos y para todos.

Hoy nos conviene a todos asumir y mantener un inteligente y sano equilibrio de toda la riqueza espiritual del corazón que el ser humano ha generado en la cultura actual. Siempre será el mejor camino de toda intervención humana integrar, respetuosa y sabiamente, a todos los actores sociales en la resolución de las problemáticas que debemos superar, para vivir con dignidad. Juntos, con la sabiduría del corazón inteligente, podremos enriquecer una sociedad tan necesitada de solidaridad y de calidez humana.

Pbro. Juan Bertistain de los Santos