Únicamente la bondad puede abrir caminos para el desarrollo integral verdadero
Con la fiesta litúrgica del bautismo del Señor Jesucristo se concluye el tiempo de la Navidad. Las fuentes cristianas del bautismo de Jesucristo refieren una experiencia única e inicial en la que Jesús sintió la vida y la fuerza transformadora del cielo con estas palabras: "Tú eres mi hijo muy amado". Los relatos evangélicos apuntan a una realidad totalmente nueva y única que Jesús vivió. Jesús vive y siente a Dios como padre. Jesús no invocó a Dios como señor, sino como padre. Jesús no se presenta ante Dios como lo hace un súbdito ante el emperador. Jesús se confía al misterio de Dios como hijo querido. Esta es la primera actitud cristiana de toda una verdadera transformación radical de las estructuras personales y sociales del pecado estructural en todo el tejido de México y Veracruz.
Esta experiencia de Dios como padre querido abrió a Jesús a los demás. Este Dios es el padre de todos los pueblos. Es un padre amoroso con sus criaturas. Jesús lo llama padre del cielo porque no está ligado únicamente a un lugar sagrado, ni pertenece a un pueblo especial. Este padre es el Dios de todos, incluso de quienes se olvidan de él, pues él hace salir su sol para los buenos y malos. Desde esta experiencia universal de bondad de un Dios, Cristo vive como hijo de Dios y hermano de los demás. Cristo es el siervo de Dios y el elegido que viene con su bondad a implementar la justicia y la paz en una sociedad donde todo abunda, menos éstas.
La experiencia vital del bautismo de Jesús lo ha llenado del Espíritu del Señor. Por lo tanto, Jesús no es un hombre vacío ni disperso interiormente. No actúa por las aldeas de Galilea de manera arbitraria ni movido por cualquier interés. Los evangelios han dejado claro desde el principio que Jesús vive y actúa movido por el espíritu de Dios. La identidad de Jesús es clara: Él es el hijo amado de Dios, sobre él desciende el Espíritu de Dios para que pueda bautizar con toda la fuerza del Espíritu Santo.
Solo la bondad de Dios en el corazón de cada ciudadano o autoridad puede abrir el camino para el verdadero desarrollo integral. Sin la bondad de Dios, la sociedad mexicana y veracruzana seguirá haciendo resonar puros discursos elocuentes, pero alejados de la pobreza y exclusión de millones de mexicanos.
Pbro. Juan Beristain de los Santos