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Ora et labora

Laura Fernández Medina

Benito nació en Nursia, alrededor del año 480. Fue hijo de un noble romano. Realizó sus primeros estudios en Roma y, al iniciar su educación superior, decidió regalar sus libros y dejar la casa de su padre para seguir a Dios.

Partió rumbo a Enfide y de ahí a Subiaco donde conoció a un monje. Entonces decidió vivir tres años como ermitaño en una cueva, donde era visitado por su amigo monje y personas de Subiaco quienes, al morir el abad, le invitaron a irse al monasterio; situación que aceptó, pero fracasó debido a que los monjes intentaron venerarlo, pero él no estuvo de acuerdo.

Por ello, regresó a su cueva, donde las personas lo siguieron, por lo que construyó doce monasterios en el valle y en cada uno de éstos puso a un superior con doce monjes. Benito vivía en el decimotercer monasterio donde llevó a cabo el ideal monástico que escribió en su regla dirigida a los seglares que quisieron vivir en la forma más plena posible la vida sugerida por el Evangelio.

Su regla consta de 73 capítulos, donde el mandato principal es «ora et labora»: ora y trabaja. Benito buscaba el equilibrio entre el trabajo y la oración y meditación, por lo que las labores que en los monasterios benedictinos se realizaban estaban divididas en horas de trabajo doméstico y agrario, oración, estudio y lectura de la Biblia.

Los monasterios benedictinos consolidaron la unidad de Europa gracias a que los discípulos de Benito se encargaron de difundir la Regla por todo ese continente. Así pues, a San Benito se le conoce como el Patrón de Europa debido a que contribuyó decisivamente a la creación del espacio espiritual y cultural europeo e hizo de la diversidad de los pueblos una comunidad cohesionada en torno a los mismos valores espirituales, morales y humanistas. Los instrumentos de evangelización de esa obra fueron la cruz y el arado, la oración y el trabajo, la Biblia y el Derecho romano, el libro y la estética litúrgica, la disciplina y la paz monástica.

 


 

 

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