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El legado del apóstol san Pablo

Pbro. Vicente Condado Sánchez

Fin del Año Paulino

Ha concluido el año en que celebramos en toda la Iglesia a san Pablo, buscando conocerlo a través de sus escritos, registrados en las Sagradas Escrituras en los Hechos de los Apóstoles y en sus cartas.

 

Haciendo un breve resumen de su personalidad como un convertido, luego como un seguidor de Jesucristo, como apóstol, y más aun como el Apóstol de los paganos que habitaban Occidente, donde fundó las primeras comunidades de cristianos, donde incultura el mensaje de Jesús, partiendo del conocimiento de la persona del Salvador, de sus palabras y de sus obras, estableció la jerarquía ordenando presbíteros y diáconos y preparando a laicos para que fueran catequistas y otros ministerios.

Destaquemos del Apóstol hechos históricos de su vida que nos hablan de quién fue y de qué virtudes nos ha dejado para imitar.

Hombre de un carácter recio (cf Fil 3, 2), notable en las experiencias conflictivas, con Marcos, Pedro y Bernabé, con los corintios y los gálatas.

De carácter también tierno y expresiones de amor paternal, maternal y fraternal. También reconciliador. Igualmente de temperamento apasionado, incansable, radical; sincero, noble, desinteresado, incomprendido, fecundo reflexivo, místico, intelectual, por eso, teólogo.

Él fue un testigo auxiliar del martirio de san Esteban, cuando fue apedreado hasta que entregó su espíritu al Señor, como dice Hechos 7, 58; y 8,1.

Fue un emisario del Sanedrín, esto es, del Supremo Tribunal judío, para perseguir a los que se convertían del judaísmo y formaban las primeras comunidades de cristianos. Así lo leemos en Hechos 9, 2;  22, 5;  26, 12.

 Otro acontecimiento, el más significativo en la vida de san Pablo, fue su encuentro con Jesús en el camino a Damasco, al que le damos el nombre de su «conversión», pues en ese viaje (cf Hch 9, 1 ss) Pablo todavía respiraba amenazas y muertes contra los discípulos del Señor y se presentó a las autoridades para pedir cartas y, si encontraba algunos seguidores de Jesús, hombres o mujeres, los podía llevar presos a Jerusalén.

Recibió el encargo de ser el delegado de la comunidad de cristianos en Antioquía, para venir a Jerusalén y consultar a los apóstoles (cf Hch 11, 30).

También fue delegado de la misma comunidad de Antioquia, para la misión en Chipre y en Asia Menor (cf Hch 13, 2-3), y de los cristianos convertidos del paganismo, para asistir y tomar parte en el primer concilio ecuménico, el de Jerusalén (Hch 15, 2).

Fue delegado oficial del concilio para llevar el mensaje y documento emanado de esa reunión ecuménica y darlo a conocer a las comunidades del mundo pagano  (Hch 15, 22. 25), responsable oficial para la evangelización de los paganos en las nuevas tierras de occidente (Gal 2, 7-9) y organizador y portador de la gran colecta hecha en las comunidades cristiana que existían en el mundo pagano a beneficio de los pobres de Jerusalén, imitando así la costumbre judía de los diezmos y para manifestar la relación estrecha de fe que tenían estas nuevas comunidades con la Iglesia-Madre en Jerusalén (cf Gal 2, 10; Rom 15, 25-28; 1Cor 16, 1-4).

Cuánto podemos aprender de este apóstol, imitar sus virtudes, de tal modo que este año que ha terminado dejará un conocimiento a toda la Iglesia de la forma de inculturar el Evangelio en las distintas regiones de nuevos países distintos de Israel. Es inagotable la herencia de fe que san Pablo nos legó.

 


 

 

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