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¿Has sufrido alguna vez?

El misterio del sufrimiento humano
Marisa Segovia

El sufrimiento ha  acompañado desde siempre al ser humano, el porqué y el para qué sufrir también. ¿Has sufrido alguna vez? ¿Cómo has vivido ese sufrimiento?

Sufrir o padecer es el deseo de los santos y de las almas nobles que aman a Dios y se lo demuestran, pero muchas personas no quieren vivirlo. Incluso hay quienes no quieren saber de la religión católica porque en ella se le da un trato especial al sufrimiento como medio de salvación.

El dolor físico o mental está presente en la vida. El sufrimiento es una realidad. Sin el sufrimiento el alma se volvería floja y débil. No estaríamos preparados para las penas que la vida depara como la enfermedad o la pérdida de un ser querido, humillaciones, injurias y odios, entre otras. El sufrimiento se puede vivir de diversas formas: con esperanza y fe en Dios o sólo con nuestras fuerzas, que no son muchas, y puede llevar a tomar decisiones equivocadas que nos separen de Dios. El sufrimiento tiene una razón para estar presente en nuestra vida, ya que Dios es un Dios de amor y da a cada quien lo que necesita para su salvación. Hay cosas que  escapan a la razón del hombre y que podemos conocer sólo por la fe.

La redención realizada por Cristo en la cruz con su pasión y muerte nos demuestra cómo vivir el sufrimiento con sentido y finalidad. «Sufrir por sufrir y encontrar cierta complacencia en ello es masoquismo. Hacer sufrir y deleitarse en ello es sadismo. Sufrir con un sentido por amor a una persona o una causa y trascenderse en ello es heroísmo. Sufrir por amor a la persona de Cristo, con Él y en Él, por amor a nuestros semejantes es santidad. Es la esencia misma del catolicismo» (Ivannah Toniolo).

Sufrimos. Suframos bien y ayudemos en su sufrimiento a los demás. Cristo, al sufrir, pensó en la humanidad y en su salvación. Nosotros, en nuestro dolor o en la experiencia de un dolor vivido, podemos consolar apoyar y hacer vida la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37). Porque cada quien sabe quién es su prójimo, ayudemos ya sea de manera directa, por medio de un apostolado o una acción social.

Si leemos las cartas de san Pablo, veremos cuánto sufrió por amor en el servicio a Dios al darlo a conocer. Observemos a Juan Pablo II; cómo el sufrimiento lo acompaño a lo largo de su vida, al padre Pío de Pietrelcina y los estigmas por amor a Dios, a Job, en el Antiguo Testamento, y qué decir de la vida de san Rafael Guizar Valencia. Los escritos de santa Faustina Kowalska  nos hablan del sufrimiento y de cómo sirve y ayuda a nuestra salvación. Finalmente, no dudemos en acudir al sagrario a pedir ayuda y consuelo.


«Todo ser humano tiene su participación en la misión salvadora de Cristo. Cada uno está llamado a participar de ese sufrimiento mediante el cual se ha  llevado a cabo la Redención. Cristo ha elevado el sufrimiento humano a nivel de redención. Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse partícipe del sufrimiento redentor de Cristo» (Salvifici doloris, 19).

 

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