Jorge Gabriel RodrÃguezÂ
Si hay algo que pueda cambiar a una persona son estos ejercicios espirituales. San Ignacio de Loyola, considerado el más mÃstico y más activo de los santos, pide un aislamiento total del mundo por varios dÃas, varios periodos de meditación al dÃa, usando la imaginación y las emociones.
Tomemos por ejemplo la Contemplación para alcanzar amor (230 Ejercicios Espirituales -EE-).
San Ignacio nos hace notar que el amor «se debe poner más en las obras que en las palabras, y que consiste en darse y comunicarse mutuamente lo que uno tiene y el otro carece». La oración de entrada pide «verme delante de Dios» y «conocimiento interno de tanto bien recibido» para que pueda en todo «amar y servir a su divina majestad».
Primer punto. «Recordar beneficios recibidos de creación, redención y dones particulares, ponderando con mucho afecto cuanto Dios ha hecho por mÃ. Y reflexionar considerando con justicia lo que yo debo ofrecer a su divina majestad, todas mis cosas y yo mismo con ellas».
Segundo punto. Mirar cómo Dios habita en sus criaturas y cómo «hace de mà templo del EspÃritu Santo y creado a similitud e imagen de su divina majestad».
Tercer punto. Considerando cómo Dios trabaja y labora por mà en todas las cosas criadas sobre la tierra.
Cuarto punto. Mirar cómo todos los bienes y dones descienden de arriba: justicia, bondad, piedad, misericordia, como del sol descienden los rayos.
Sigue un coloquio, que es, dice san Ignacio en (54 EE), como cuando un amigo habla a otro amigo comunicando sus cosas y termina con un padre nuestro. San Ignacio dispone que se debe ocupar al menos una hora en cada de estas contemplaciones.
Los Ejercicios pueden durar un mes o una semana, pero tienen otras modalidades. Más información en www.sjmex.org
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