Pbro. José Juan Sánchez Jácome
La santidad de vida es la meta de todo cristiano, porque no se sigue a Jesús para llevar una vida simplemente buena sino para edificar una vida ejemplar que sea capaz de cuestionar la vida de otros y de irradiar los valores del Evangelio.
Los hombres y mujeres que han alcanzado la gloria de la santidad construyeron su vida a partir de Cristo y de su evangelio, haciendo que las cosas y las personas cambiaran a su alrededor. Dentro de todas estas personas ejemplares, habrÃa que destacar la vida de los santos que influyeron especialmente en su familia, logrando no sólo la conversión de los suyos sino también el hecho de que cada uno de ellos también se santificara.
¡ImagÃnense que toda una familia alcanzara la santidad: la mamá, los hijos y hasta el papá! No se trata de un asunto imaginario o de un sueño guajiro, ya que tenemos muchos casos, a lo largo de la historia de la Iglesia, de familias enteras que no sólo vivieron bien y honestamente, sino de una manera ejemplar, asumiendo con radicalidad los principios evangélicos.
Este mes de agosto la liturgia de la Iglesia nos recuerda dos casos impresionantes de familias santas: la familia de san Bernardo de Claraval y la familia de san AgustÃn junto con su madre, santa Mónica. Desde luego, tenemos muchos otros casos como los beatos esposos Luigi y MarÃa Beltrami Quatrocchi, San Eustaquio, que logró la conversión de toda su familia. San Felipe apóstol, Santa Francisca Romana, Santa Isabel de HungrÃa y los esposos santa Natalia y san Aurelio, sin mencionar a tantos matrimonios y familias ejemplares que hemos conocido a lo largo de nuestra vida.
San Bernardo, junto con sus siete hermanos, recibió una excelente formación en la religión, el latÃn y la literatura. Durante algún tiempo se enfrió su fervor cristiano y empezó a inclinarse hacia lo mundano, pero las amistades que tenÃa, por más atractivas que le parecÃan, lo dejaban vacÃo y lleno de hastÃo.
Una noche de Navidad, se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de MarÃa, y que la santa Madre le ofrecÃa a su Hijo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás. Desde este dÃa, pensó en consagrarse a Cristo y a la Iglesia. Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister y pidió ser admitido.
Bernardo contó la noticia a su familia y amigos, pero todos se opusieron. Sin embargo, les habló tan maravillosamente de las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tÃo y a 31 compañeros. Más tarde, habiendo muerto su madre, entró en el monasterio su padre. Su hermana y el cuñado, de mutuo acuerdo, decidieron también entrar en la vida religiosa.
Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres e hizo que muchos de sus discÃpulos alcanzaran la santidad. Lo llamaban «el cazador de almas y vocaciones». Con su apostolado consiguió que 900 monjes hicieran profesión religiosa.
Ahora que son muy famosas las Sagas literarias, convendrÃa considerar la lectura de la Saga de Citaux, de M. Raymond. Se trata de tres novelas que narran la historia de los fundadores del CÃster en Europa y de la Trapa en América. La primera se titula Tres monjes rebeldes, donde se narra la historia de los primeros cistercienses europeos del siglo XII. En la tercera, Incienso quemado, se pasa de la Edad Media a los siglos XIX y XX, y de Francia a EEUU, para contar la historia de los primeros trapenses americanos.
La segunda novela de esta trilogÃa, La familia que alcanzó a Cristo, nos presenta a san Bernardo de Claraval y a su familia. Van pasando por las páginas del libro la vida de los padres y los siete hermanos. Cada uno, desde luego, tiene su propia personalidad, pero lo que los unifica es la vocación de entregar por completo su vida a Cristo. Tienen sus luchas personales, pero al final sus corazones sólo pueden ser saciados por esa fuente insondable que es Jesús y a Él recurren dejándolo todo.
Aunque ya terminaron las vacaciones, hay que buscarse un momento para leer esta Saga y meditar en estos apasionantes relatos, para no perder de vista que la auténtica vivencia de la fe cristiana puede lograr que generaciones posteriores digan de alguna familia xalapeña: La familia que alcanzó a Cristo.
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