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La familia Que vive la alegria de la fe la comunica de Manera natural. Esa familia es la sal de la tierra y la Luz del Mundo; es la levadura de la sociedad. ∗ “La familia que reza unida, permanece unida”. ∗ Quien no vive para servir, no sirve para vivir. ∗ La oracion es la bateria que hace funcionar al cristiano ∗
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«Hay gente que sólo con mirarla ya palpita la vida»


Pbro. José Juan Sánchez Jácome

Cuánto se añora que la gloria de Dios pueda posarse sobre nosotros. A veces dentro de nuestra vida de fe y después de tantas dificultades para creer quisiéramos que Dios se asomara un poquito, que nos mostrara que está ahí, aun cuando no sepamos verlo con total claridad ni podamos explicarlo exhaustivamente.

Pero no sólo se trata de la fatiga del creyente -muchas veces de tipo intelectual- para llegar a creer sino también del sufrimiento, las adversidades y la dureza de esta vida que nos llevan a pedirle o incluso a exigirle a Dios un detalle, una caricia, un poquito de paz, un destello de su luz.

Jesús se transfiguró en la presencia de tres de sus apóstoles no para recompensarles por sus fatigas y trabajos sino para confirmarles el sentido y el alcance de su misión. Para que en medio de sus fatigas como creyentes lograran superar las adversidades, contemplándolo resplandeciente y reconociendo su gloria.

De suyo la vida del cristiano está marcada por la fatiga y el sufrimiento, pero en circunstancias como las que nos toca vivir podemos estar pidiendo y buscando esa experiencia de paz y de sanación que no sólo nos confirme la belleza y bondad de Jesús sino que nos comprometa a seguir luchando a pesar de estas circunstancias sumamente adversas.

La fatiga de la fe y el sufrimiento del creyente son experiencias que hay que presentar en todo momento en la presencia de Dios para que Él se encargue de otorgarnos lo que necesitamos en cada etapa de nuestra vida, para no sucumbir y para continuar caminando en la fascinante aventura de la fe.

Precisamente por estas dificultades que enfrentamos como creyentes tendríamos que esforzarnos para que todos los que lleguen a orar con nosotros, a escuchar la Palabra de Dios y a vivir su fe experimenten entre nosotros la gloria de Dios, la paz que le regala a su pueblo, su presencia que fortalece ante las adversidades.

Que nuestras Iglesias y comunidades sean un espacio de descanso y de paz que incentiven a mantenerse en la misión, apermanecer al lado de Jesús que nos ofrece su luz y al mismo tiempo nos invita a aceptar la cruz.

Decía el P. Carlos Padilla citando una oración: «Hay gente que sólo con mirarla sale el sol, que sólo con hablarle se calma la tempestad, hay gente de la que me fío tanto que antes dudo de mí que de ellos. Hay gente que sólo con estar, que con solo abrir la boca, llega hasta todos los confines del alma. Hay gente que sé que, si pongo mi vida en sus manos, la va a proteger más que yo misma. Hay gente que sólo con mirarla ya palpita la vida».

Hay gente así porque han visto la luz del Señor y porque han cargado su cruz, hay gente así porque reconocen que el transfigurado y el desfigurado son la misma persona, el mismo camino, el mismo proyecto de salvación.

Por la gracia de Dios hay gente así y debemos esforzarnos por tener comunidades así, que den calor y hogar, que consuelen y fortalezcan, que acojan y acompañen para seguir los pasos de Cristo que nos lleva al Tabor y también al Calvario.


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