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Mateo 18,21-35.19,1. Se adelanto Pedro y le dijo: "Senor, ¿cuantas veces tendre que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". Jesus le respondio: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debia diez mil talentos. Como no podia pagar, el rey mando que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenia, para saldar la deuda. El servidor se arrojo a sus pies, diciendole: "Senor, dame un plazo y te pagare todo". El rey se compadecio, lo dejo ir y, ademas, le perdono la deuda. Al salir, este servidor encontro a uno de sus companeros que le debia cien denarios y, tomandolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Pagame lo que me debes'. El otro se arrojo a sus pies y le suplico: 'Dame un plazo y te pagare la deuda'. Pero el no quiso, sino que lo hizo poner en la carcel hasta que pagara lo que debia. Los demas servidores, al ver lo que habia sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su senor. Este lo mando llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdone la deuda. ¿No debias tambien tu tener compasion de tu companero, como yo me compadeci de ti?'. E indignado, el rey lo entrego en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debia. Lo mismo hara tambien mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazon a sus hermanos". Cuando Jesus termino de decir estas palabras, dejo la Galilea y fue al territorio de Judea, mas alla del Jordan. ∗
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Cómo abrir el espíritu frente al hipnotismo de lo virtual


Pbro. José Juan Sánchez Jácome

Hay cosas en la vida que no están al alcance de un click, como ingenuamente nos hace suponer el mundo digital que condiciona mucho nuestras capacidades. Nos acostumbramos a acceder a tantas cosas, a llegar a tantos lugares y a conseguir mucha información, todo ello al alcance de un click.

No es sólo un recurso ilimitado que nos permite tener un acceso directo e inmediato a la aldea global, sino que el mundo digital también está modificando de manera preocupante la concepción sobre el hombre, la captación de los valores y  la forma de considerar la moralidad.

Desde luego que el mundo digital ofrece inmensas ventajas y representa un desarrollo impresionante pero su utilización requiere de criterios para que se pueda asumir como un medio y no como una mirada exclusiva y excluyente, donde pueden quedar marginadas las facultades espirituales del ser humano.

Para destacar la existencia de la providencia divina antes se decía que todos los niños nacían con una torta bajo el brazo. Hoy se puede decir que nacen con una laptop o una smartphone bajo el brazo, por su capacidad y dependencia al mundo digital, que insisto, no ofrece solo resultados y ventajas rápidas e inmediatas sino que condiciona una mirada auténtica de la vida.

Un mundo en el que todo queda al alcance de un click puede atrofiar tantas capacidades que hay en el hombre y sobre todo puede ir modificando nuestra percepción del hombre y de la vida misma.

Llegar a ser un sujeto moral, una persona consciente o por lo menos un hombre cultivado en un modelo educativo requiere de un proceso largo y paciente.

Hay aspectos fundamentales de la vida que no aparecen rápida e inmediatamente. Los hábitos, las metas que nos proponemos, los ideales que perseguimos, los valores trascendentes para llegar a asimilarlos requieren tiempo, esfuerzo, sacrificio, dedicación, perseverancia y convicción. No se consigue de la noche a la mañana la formalidad, la puntualidad y la responsabilidad sino que son valores y aspectos de la vida que se van acentuando y se van convirtiendo en bases personales en la medida que nos ejercitamos.

En “La suerte de haber nacido en nuestro tiempo”, Fabrice Hadjadj habla del lado impulsivo que atiza la dependencia digital: “La alta tecnología fomenta la bestialidad. Si la manipulación de las herramientas exige cierta paciencia y disciplina del cuerpo, la costumbre de obtener resultados espectaculares pulsando botones inflama nuestro lado impulsivo. De ahí lo fácil que resulta pasar de Internet al terrorismo cuando el cambio social se lleva a cabo apretando un botón, un gatillo o un detonador”.

Y recomendaba para recuperar el lado auténticamente humano de la vida: “Para que las personas hipnotizadas por lo virtual y por el atomismo vuelvan a abrir su espíritu, es preciso empujarlas a trabajar con las manos, a tocar un instrumento musical, a desbastar una madera, a cultivar un huerto, a descubrir que los alimentos no aparecen por arte de magia en los estantes de los supermercados, y que la hierba no crece tirando de ella. Las exigencias de lo manual disipan los espejismos de lo digital”.

Tanto por hacer frente a una generación enajenada con el mundo digital que pierde la sensibilidad ante la naturaleza, lo espiritual y la realidad del otro, al dejarse regir por el paradigma de la tecnología.No está al alcance de un click, más bien la vida está al alcance del espíritu que tiene su propia dinámica de contacto, de sorpresa y descubrimiento de la realidad. 

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