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Mateo 18,21-35.19,1. Se adelanto Pedro y le dijo: "Senor, ¿cuantas veces tendre que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". Jesus le respondio: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debia diez mil talentos. Como no podia pagar, el rey mando que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenia, para saldar la deuda. El servidor se arrojo a sus pies, diciendole: "Senor, dame un plazo y te pagare todo". El rey se compadecio, lo dejo ir y, ademas, le perdono la deuda. Al salir, este servidor encontro a uno de sus companeros que le debia cien denarios y, tomandolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Pagame lo que me debes'. El otro se arrojo a sus pies y le suplico: 'Dame un plazo y te pagare la deuda'. Pero el no quiso, sino que lo hizo poner en la carcel hasta que pagara lo que debia. Los demas servidores, al ver lo que habia sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su senor. Este lo mando llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdone la deuda. ¿No debias tambien tu tener compasion de tu companero, como yo me compadeci de ti?'. E indignado, el rey lo entrego en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debia. Lo mismo hara tambien mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazon a sus hermanos". Cuando Jesus termino de decir estas palabras, dejo la Galilea y fue al territorio de Judea, mas alla del Jordan. ∗
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La grandeza de lo sencillo


El conocimiento debe ser puesto al servicio del prójimo

Por: Marce Miranda Loayza | Fuente: Catholic.net 

La grandeza del intelecto humano encuentra su culmen no en la expresión glamorosa del pensamiento, sino en la claridad y sencillez de la exposición del mismo, las palabras logran su real sentido cuando encuentran el receptor no sólo comprensión sino también aceptación.

Para muchos intelectuales y líderes de opinión demostrar un uso casi inentendible del lenguaje es signo de conocimiento y prestigio, enterrando ideas bajo un sinfín de palabras cuya única utilidad es la de enaltecer el orgullo y la soberbia del autor.

Existe cierta responsabilidad para aquél que posee lucidez y claridad sobre hechos y situaciones que por su complejidad necesitan ser explicadas, éstos dones no deben ser utilizados para una vanagloria inútil y egoísta, por el contrario, deben ser puestos al servicio del prójimo y de la sociedad, el conocimiento no es poder, el conocimiento es SERVICIO.

El reconocer y comprender los signos de los tiempos es un don de DIOS, poner claridad donde la oscuridad ha hecho trinchera requiere sencillez y humildad, la palabra entreverada de soberbia termina oscureciendo aún más lo que supuestamente se quiere iluminar, al ser el conocimiento un don divino sólo puede alcanzar su culmen cuando la humildad destierre la soberbia.

Iluminar el pensamiento humano también debe ir en concordancia con la defensa de los más vulnerables, de aquellos que no tienen voz y por ende son excluidos, estar en una posición de privilegio frente a la opinión pública no debe ser confundida con una fama efímera y pasajera, la palestra debe convertirse en voz profética donde los sin voz encuentran representados sus anhelos.

El tratar de llenar de metáforas incomprensibles el conocimiento alejan la verdad y el entendimiento del destinatario, por ello es responsabilidad del poseedor de la palabra tender puentes en medio de la sociedad, compartiendo saberes y denunciando injusticias.

Una idea clara, enriquecida en sencillez e iluminada a la luz del EVANGELIO tiende a trascender en el tiempo, cumpliendo su misión de iluminar el conocimiento y guiar el entendimiento humano.

El conocimiento no es poder, el conocimiento es SERVICIO y en base a éste logra alcanzar su objetivo primario, ser luz en medio de la oscuridad y ser voz de los excluidos.


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