Arquidiócesis de Xalapa

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Marcos 3,31-35. Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedandose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Jesus, y le dijeron: "Tu madre y tus hermanos te buscan ahi afuera". El les respondio: "¿Quien es mi madre y quienes son mis hermanos?". Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de el, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre". ∗
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Un Santo original y simpatico


Pbro. Alfredo Hernández Vásquez.

Como muchos jóvenes de su edad, Miguel Agustín Pro, pasó por la crisis del noviazgo. 

Después de unos ejercicios espirituales con los padres Jesuìtas, sintió el llamado de Dios a la vocación sacerdotal. Bajo una apariencia bromista y despreocupada, escondía una piedad y generosidad que luego se manifestaba en un apostolado comprometido y hasta heròico durante la persecución religiosa en nuestra Patria. La siguiente anécdota no retrata esta personalidad: Estando el Padre Pro en el tercer piso de un edificio, presidiendo una reunión con jóvenes de la Acción Católica, cuando de pronto se dieron cuenta que la policía había rodeado el edificio. El Padre Pro se escondió en un almario en el preciso momento en el que entraba el coronel que iba al frente de la policía llevando una pistola en mano y preguntando por el Padre Pro. Los jóvenes le dijeron que no sabían del Padre, pero el coronel muy enojado les dijo:-“Tienen un minuto para que me digan dónde está. Si no me dicen, los mato a todos”. Los policías empezaron a buscar al Padre por todo el edificio. De pronto el coronel sintió que le colocaba el cañón de una pistola en la nuca y escuchó esta orden:-“Suelte la pistola o se muere”. El coronel, tembloroso, soltó la pistola. El Padre Pro gritó a los muchachos:- Recojan la pistola y huyan. Los jóvenes salieron corriendo a esconderse. El Padre Pro, con tono picaresco, le dijo al coronel:- Vea con qué lo desarmé. El coronel aún con las manos en alto, volteó y vió con humillación que el cañon frio que había sentido en la nuca, era una botella vacía.


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