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Juan 15,26-27.16,1-4a. En aquel tiempo, Jesus dijo a sus discipulos: «Cuando venga el Paraclito que yo les enviare desde el Padre, el Espiritu de la Verdad que proviene del Padre, el dara testimonio de mi. Y ustedes tambien dan testimonio, porque estan conmigo desde el principio. Les he dicho esto para que no se escandalicen. Seran echados de las sinagogas, mas aun, llegara la hora en que los mismos que les den muerte pensaran que tributan culto a Dios. Y los trataran asi porque no han conocido ni al Padre ni a mi. Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo habia dicho.»∗
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¿Hay vida después de la muerte? ¿Hay vida antes de la muerte?


Pbro. José Juan Sánchez Jácome

“¡Cuánto he deseado comer esta pascua con ustedes!” (Lc 22,15). Así también he visto a mi pueblo; he constatado la emoción y la esperanza por la llegada de las fiestas pascuales. Como Jesucristo, también mi pueblo ha deseado tanto celebrar esta pascua.

No nos ha agarrado de improviso ni ha llegado como de repente sino que se ha preparado, se ha deseado, se ha anhelado tanto, se ha esperado prácticamente como lo único y lo último que se puede esperar después de tantos intentos fallidos por recuperarnos integralmente.

En otra ocasión Jesús había dicho utilizando la imagen de la vid y los sarmientos: “Sin mí nada pueden hacer” (Jn 15,5). Y lo entendemos perfectamente ante las durísimas pruebas que nos toca enfrentar.  Así lo vamos constando cuando se acaban las fuerzas, cuando se siente el desánimo, cuando nuestro pueblo se desmoraliza ante la pobreza, la injusticia, la corrupción, la maldad y la violencia que siguen extendiendo su dominio.

Por eso esperamos tanto la pascua para que la gloria de Dios vuelva a brillar en nuestro rostro y dé calor a nuestros corazones ante tantos miedos y desánimos que paralizan la vida cristiana. Estamos a la expectativa de la pascua porque Cristo resucita a los muertos y también resucita a los vivos.

¿Hay vida después de la muerte? La respuesta en este caso no es el resultado de una investigación sino de una relación, no es una respuesta que se consigue como resultado de tantas investigaciones sino una respuesta que se nos revela y se nos confía. 

Pero la resurrección de Jesucristo no sólo viene a responder esta pregunta a todas luces inquietante. Creer en la resurrección no es sólo esperar el momento de nuestra partida de este mundo para suplicarle al Señor que se apiade de nosotros y nos lleve a la vida eterna. No se activa nuestra fe en la resurrección cuando llegue el momento de nuestra muerte.

Más bien nosotros anhelamos que la vida nueva del resucitado nos asista desde esta vida terrena que muchas veces se vive no como una vida resucitada sino como una vida apagada y mortecina. Por eso la resurrección de Jesucristo también responde a la pregunta: ¿Hay vida antes de la muerte?

Porque no siempre llevamos una vida auténticamente humana y cristiana; se va perdiendo el sabor de la vida, el gusto por vivir, las ganas de seguir adelante. Deja de sentirse la fascinación y el encanto por la vida cuando se apoderan de nosotros los criterios de la mentalidad materialista y hedonista.

De acuerdo a esta mentalidad nos hacemos un concepto de las personas por lo que tienen o por lo que valen. Por eso al pensar en aquel hombre o en aquella mujer solemos decir regularmente que es una persona rica, que tiene muchos estudios, que tiene un buen coche, que viaja mucho, que tiene una bonita casa, que tiene muchos títulos, que es muy famosa, etc.

Prevalece la mentalidad materialista y hedonista al hablar de los demás, por lo que no nos preguntamos si esa persona ama a su esposa, si ama a su esposo, si está pendiente de sus hijos, si tiene una profunda devoción a sus padres, si disfruta el canto de las aves, si la conmueve el alba, si le emociona el crepúsculo, si le inquieta el espectáculo de la naturaleza, si agradece a Dios por la vida, etc.

La resurrección de Jesucristo ilumina no sólo el más allá sino también el más acá, ya que viene a levantarnos de nuestros desánimos y a confirmarnos en la misión.

Se puede tener todo y sin embargo no sentirse realizado, se pueden acumular tesoros y empobrecerse del sentido de la vida, el ser humano puede alcanzar las estrellas y sin embargo alejarse de su prójimo. De ahí que deseamos tanto que el Señor Jesús venga a resucitarnos en vida para que venzamos el miedo, el odio y el egoísmo y al mismo tiempo resurjamos a una vida auténticamente humana y cristiana en la que nunca nos falte la alegría, la paz, la misericordia y la esperanza. 

Que sea un tiempo en que resurjan nuestros ideales y anunciemos que Dios está vivo para que la realidad dolorosa y desafiante que nos toca vivir no desaliente nuestra fe en Jesucristo vencedor de la muerte, del odio y del pecado del mundo.


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