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Juan 15,26-27.16,1-4a. En aquel tiempo, Jesus dijo a sus discipulos: «Cuando venga el Paraclito que yo les enviare desde el Padre, el Espiritu de la Verdad que proviene del Padre, el dara testimonio de mi. Y ustedes tambien dan testimonio, porque estan conmigo desde el principio. Les he dicho esto para que no se escandalicen. Seran echados de las sinagogas, mas aun, llegara la hora en que los mismos que les den muerte pensaran que tributan culto a Dios. Y los trataran asi porque no han conocido ni al Padre ni a mi. Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo habia dicho.»∗
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Dios te anda buscando, no pierdas la esperanza


Pbro. José Juan Sánchez Jácome 

De entrada hay muchas cosas que nos gustan de Dios, cosas que están a nuestro alcance, que aceptamos como tal y que prácticamente disfrutamos. Hay cosas de la fe que nos parecen necesarias y coherentes, cosas que se nos dan fácilmente y ante las cuales, racionalmente hablando, estamos de acuerdo.

Conforme vamos avanzando en la vida cristiana nos vamos encontrando con otras cosas que son más difíciles, ante las cuales no percibimos inmediatamente su coherencia. Hay cosas de la fe que nos parecen muy exigentes e imposibles y ante las cuales podemos oponernos e incluso escandalizarnos, precisamente por su complejidad. 

La fe de suyo es así, como hemos recordado y celebrado recientemente en la Semana Santa. El seguimiento de Jesús implica renuncia y donación así como ser capaces de entregar la propia vida. Pero puede ser que además sintamos esa complejidad en la vida cristiana porque nos está haciendo falta una experiencia elemental, sin la cual podemos quedarnos estancados.

Aceptamos que andamos buscando a Dios. Este es un dato evidente que no necesita demostración. Andamos a la búsqueda de Dios. Lo palpamos desde el hecho que nos gusta Dios, nos gustan las cosas de Dios y cada vez queremos conocerlo más. Andamos buscando a Dios porque nos descubrimos necesitados de muchas cosas pero sobre todo de rumbo y sentido en nuestra vida. Y también andamos buscando a Dios porque queremos componer tantas cosas que hemos descompuesto a lo largo de la vida.

Es un hecho, pues, que no necesita demostración: andamos a la búsqueda de Dios. Pero no siempre está a nuestro alcance creer y aceptar que Dios nos anda buscando. Aceptamos que lo andamos buscando pero nos cuesta trabajo creer que Dios también ande en nuestra búsqueda.

El puritanismo que muchas veces sostenemos a nivel moral puede ser que también se dé a nivel espiritual. Es decir, por ese puritanismo descartamos la posibilidad que Dios nos ande buscando. No damos crédito al hecho de que Dios nos ande buscando porque pensamos en nuestros pecados, en todos los errores que hemos cometido, en la historia que tenemos y en las cosas que no han salido de la mejor manera.

¿Cómo Dios me puede andar buscando con todo el daño que he cometido? ¿Cómo Dios se va a interesar en mí después de tantos errores e injusticias que he cometido? Así llegamos a considerar las cosas, pensando que Dios más bien busca a los buenos, a los que tienen rectas intenciones y a los que han tenido una historia y una vida más ordenada.

Si alcanzáramos esta experiencia elemental no sólo aceptaríamos que la vida cristiana es compleja y exigente sino que lograríamos superar todos nuestros estancamientos y creeríamos incondicionalmente en lo que el poder de la gracia puede hacer en nosotros.

Dios me anda buscando, Él es quien ha tomado la iniciativa y por más que vea mi necesidad y disposición para buscarlo, Dios es quien ha dado el primer paso para lograr un encuentro conmigo. Cuánta alegría y cuánta confianza tendríamos en el corazón si creyéramos de verdad que Dios nos anda buscando, como el pastor conoce a sus ovejas y va en busca de las que se han perdido.

Jesús así se define, como el Buen Pastor. No como alguien poderoso, como un rey, como un político o un hombre de ciencia sino como el Buen Pastor que conoce a sus ovejas, que las llama por su nombre y que comparte la vida con ellas para que las ovejas se familiaricen con su presencia y afinen el oído para distinguir su voz.

Lo último que quiere el Pastor es que pierdas la esperanza de que estás siendo buscado.No es únicamente nuestro deseo, nuestra fe y nuestra necesidad buscar a Dios. También es el deseo de Dios, el propósito del Señor seguir buscándonos para encontrarse con nosotros. Que Dios siga saliendo a nuestro encuentro, especialmente ahora que estamos tan necesitados de paz, de esperanza y de consuelo.

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