Arquidiócesis de Xalapa

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Dios desea la familia espiritual

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María Gabriela Hernández Cuevas

La familia espiritual esconde un regalo: Jesús es quien la preside. El Señor es parte de esta familia y nos hace ser uno con él y con los demás que la integran. Todos estamos invitados a ser hermanos unos con otros, ser islas de misericordia en el mundo, estamos llamados a compartir alegrías y tristezas y caminar juntos en la fe, siendo el Pueblo de Dios. La comunidad es necesariamente un elemento para la vida cristiana.

Cuando pertenecemos a un movimiento o grupo parroquial, solemos referirnos a los que nos acompañan bajo el título de hermanos, incluso muchas veces hacemos la distinción refiriéndonos a la familia biológica como la familia de sangre y la familia de la Iglesia como la familia espiritual. Pero detrás de esto hay una verdad en la que poco reparamos, que es que también los hermanos de la comunidad son nuestra familia de sangre, pues la sangre que nos une y nos ha hecho hijos de un mismo Padre es la derramada por Cristo. Jesús en su pasión, muerte y resurrección nos dio la oportunidad de ser hijos de Dios por medio del Bautismo, siendo así miembros de esta gran familia guiada por el Espíritu Santo.

Además, Jesús define a la verdadera familia de esta manera: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Lucas 8, 21).

Lo que nos hace verdaderamente ser parte de la familia de Dios es cumplir sus mandamientos, estar a la escucha de su Palabra y poner en práctica lo que nos pide. El Papa Francisco mencionaba respecto a este pasaje: “Tal vez nosotros la hayamos hecho un poco difícil, con tantas explicaciones que nadie entiende, pero la vida cristiana es así: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica”.

Cumplir los mandamientos es más fácil cuando no vas sólo en el intento, cuando hay personas a tu lado dispuestas a ayudarte y también abiertas a ser ayudadas. La familia espiritual, debe busca amar a Dios sobre todas las cosas, al prójimo como a uno mismo, huir del pecado, ser testimonio en medio del mundo y permanecer en una lucha constante de conversión.

Jesús se rodeaba constantemente de personas que deseaban escucharle, nos quiere cerca de su corazón, nos quiere a sus pies, juntos unos con otros escuchando el mensaje del Maestro, ese es el verdadero actuar de la familia espiritual.

Estamos llamados a no limitarnos sólo a los de nuestra casa, si no ir al encuentro del otro y experimentar la unión profunda, fruto del deseo por cumplir lo que Dios pide, haciendo lazos fuertes y estables, con la confianza de que es Jesús quien la preside esta familia, quien le da sustento y la acompaña.