Arquidiócesis de Xalapa

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Atendiendo a los enfermos, atendemos a Cristo

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Pbro. José Luis Alvarado Jácome

Dijo Jesús: “a los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán” (Mt 26,11) y tiene razón. Este domingo celebramos la Ascensión del Señor, una vez terminados sus días en la tierra, vuelve a la gloria del Padre y sus apóstoles continuarán esta obra de salvación. Si cambiara la palabra “pobres” por “enfermos” tendría el mismo significado y validez ante las palabras del Maestro.

“A los enfermos los tendrán siempre…” y ésta es una condición natural de nuestro cuerpo limitado y débil ante el paso del tiempo o las afecciones. ¿Quién no ha experimentado por lo menos una vez en su vida algún malestar, consecuencia de una enfermedad? Yo creo nadie se salva de esta situación. Algunos de manera leve y otros más severa. La Iglesia, como la gran familia de Dios y comunidad de bautizados tenemos la tarea de ser solidarios ante quien sufre por causa de las diferentes patologías, de ahí la importancia de la organización de la Pastoral de la salud. Dejen y las platico cómo está:

Básicamente son 3 dimensiones las que se trabaja:

1) Anuncio. Es la parte de la catequesis y evangelización. Consiste en transmitir el Evangelio, también entrarían las pláticas sobre el cuidado de la salud, la prevención de enfermedades, las campañas que se pueden hacer contra la obesidad, el buen comer e inclusive las que llevan al final de la vida en la rama de la tanatología (cómo saber enfrentar y aceptar la enfermedad, la muerte en la vivencia del duelo). Los agentes encargados son los presbíteros, religiosas y laicos comprometidos que dan palabras de aliento a las personas que están enfermas o a los familiares que lo acompañan. También en el mundo de la medicina entra la Bioética, como el anuncio de los principios éticos que deben regir la atención de una manera humanitaria y cristiana.

2) Celebración. Cuando nuestra fe nos lleva a tomar acciones que la Iglesia presenta porque tiene la certeza de su eficacia. Aquí entran los sacramentos de curación, como la Unción de enfermos y la Confesión, que el presbítero capacitado otorga a quien lo solicita. Celebramos la Jornada mundial del enfermo cada 11 de febrero, donde se organizan en las parroquias las Misas con Unción de enfermos o bien, cuando se visita a los domicilios y hospitales llevando esta presencia de Dios. De la misma manera, las Horas santas, Rosarios y otros actos que impliquen el elevar nuestras oraciones por los enfermos también pertenecen a esta dimensión, así cuando los agentes de la Pastoral llevan la Comunión a los enfermitos en sus casas y hospitales.

3) Solidaridad. Porque la oración sincera junto con la acción concreta hacen eficaz la pastoral, como lo enseña el Apóstol Santiago “Yo te mostraré mi fe a través de las obras” (Stgo 2,18). Los visitadores de enfermos que se preocupan y ayudan a asearlos a ellos y a sus casas, el conseguir el medicamento que necesitan, el llevarles despensas y cubrir las necesidades materiales también es algo que hace presente la Providencia divina en quien sufre. De la misma manera, la parte de los dispensarios médicos y el laboratorio clínico de Cáritas contribuyen con llevar salud a quien la ha perdido.

Porque uno siente esa necesidad de ser representante de Cristo que lleva consuelo a quien lo ha perdido, porque uno ve en los enfermos la misma persona de Cristo sufriente, porque uno se reconoce como el elegido para curar y sanar el cuerpo y el espíritu, por eso el trabajo impetuoso de la Iglesia en bien de los enfermos y en general de toda la humanidad.