Arquidiócesis de Xalapa

Inicio  ›  Noticias

Los Sacramentales: Signos de la presencia de Dios en la vida cotidiana

Compartir

Pbro. José Rafael Luna Cortés

La función santificadora de la Iglesia se ejerce mediante el sacrificio de la eucaristía y los demás sacramentos, pero no exclusivamente, pues así como la liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, ni toda la vida espiritual del cristiano, tampoco las celebraciones sacramentales son el único modo de rendir culto a Dios y de alcanzar la santificación. Hay otras formas como son los sacramentales. El Catecismo de la Iglesia Católica en su no. 1667 nos ofrece una definición muy clara de lo que son: “La Santa Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida”.

En su origen han sido instituidos por la Iglesia, ella recibe la gracia y la fuerza que procede del Misterio Pascual de Cristo para continuar su misión en el mundo como sacramento universal de salvación (cf. LG 1). Por ser de institución eclesiástica y estar vinculados a su intercesión, se determina que sólo la Sede Apostólica puede establecer nuevos sacramentales, suprimir algunos ya existentes o modificarlos (CIC can. 1167). Se reserva a las diversas conferencias episcopales las adaptaciones particulares (Bendicional, Prenotanda, 39). La Iglesia tiene plena autoridad sobre ellos, ante los sacramentos se detiene frente a la “substancia” de ellos.

Los sacramentales se deben entender como una visibilización de la presencia salvadora de Dios en todas las realidades del mundo y de la mediación eclesial de esta presencia salvadora. En su número no tienen límite. La razón de ello es que el terreno en el que florecen los sacramentales es la vitalidad de la Iglesia caminante en la historia, se diversifican y se multiplican según las diversas situaciones de la existencia humana. Su eficacia procede del Misterio Pascual de Cristo aunque mediada por la intercesión de la Iglesia (cf. SC 61). Son signos de la fe de la Iglesia, en ella reside toda su fuerza y los distingue de todo tipo de ritos que pudieran caer en la magia o superstición.

Por los sacramentales, la comunidad que los celebra se dispone a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida (SC 60). Cuando se bendicen algunos objetos, por medio de ellos se pone en evidencia el valor sagrado de lo cotidiano, de las cosas y de los trabajos que llenan la vida del hombre transformado por Cristo, haciendo también que el uso honesto de las cosas materiales pueda ordenarse a la santificación del hombre y a la alabanza a Dios. Desde luego esto no excluye a los sacramentos, pero el mundo de los sacramentales puede extenderse prácticamente a todos los objetos con los que el hombre entra en contacto en su vida diaria y llegar a casi todas las situaciones en las que se pueda encontrar.

Teniendo en cuenta la tradición y la práctica actual de la Iglesia, podemos asumir la siguiente división de los sacramentales: Consagraciones y dedicaciones; Bendiciones y Exorcismos.

Siendo el carácter bautismal una participación en el sacerdocio de Jesucristo, todo bautizado está invitado a glorificar a Dios con su vida. En este sentido todo bautizado es llamado a ser una bendición y a bendecir (Catecismo 1669). Pero al ser el pueblo de Dios una comunidad organizada, el mismo Bendicional precisa que ese ejercicio del sacerdocio bautismal se realice según el lugar y el oficio propio de cada cual en el pueblo de Dios (Bendicional, Prenotanda, 18). Así las bendiciones que afectan más la vida eclesial y sacramental se reservan al ministerio ordenado.

El Código de Derecho Canónico de la Iglesia afirma que los primeros beneficiarios de los sacramentales son los fieles católicos, pero que nada obsta que los catecúmenos los puedan también recibir, pues si los sacramentales preparan a recibir el efecto principal de los sacramentos estaría en concordancia con su misma preparación, de hecho los sacramentales que reciben son exorcismos, unciones, signaciones u oraciones. E incluso los no católicos pueden recibirlos a no ser que exista algún impedimento (can. 1170).

Los sacramentales en general, especialmente todo aquello que tiene que ver con la bendición de los objetos o los lugares que los fieles presentan a la Iglesia, pueden resultar también actos significativos llenos de la capacidad evocadora de la fe y de la vida humana, son signos de la presencia de Dios en todas las realidades de la vida, son signos de la victoria de Jesucristo sobre todo mal, signos también de la fe de la comunidad cristiana. Será siempre necesario profundizar en este tema para valorar todo su potencial en la pedagogía de la fe que lleva al cristiano a ser auténtico discípulo de Jesucristo en la Iglesia.