Arquidiócesis de Xalapa

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“Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo”

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María Gabriela Hernández Cuevas

Con nosotros está aquél que es la vida, la luz y el amor de los hombres. Jesús subió al Cielo, ascendió con gloria al Padre, pero no nos dejó desamparados: “No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes” (Juan 14,18). Cuando dijo estas palabras a sus discípulos no se refería solamente a su Segunda Venida, sino a una presencia nueva y verdadera que llegaría a sus corazones. Pareciera que a veces entendemos el pasaje de la ascensión del Señor, como si hubiera sido un momento en el que Jesús subió al Cielo y se hizo inalcanzable, se alejó de sus discípulos y desde allí mira como la Iglesia camina hasta que Él vuelva al final de los tiempos. Pero no es así, Jesús dejó una promesa: “Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo” (Mateo 28,20). Es decir, después de su ascensión, camina con nosotros, vive con nosotros y está más cerca que nunca.

¿Qué tan cerca te sientes de Jesús? El Resucitado está más próximo a nosotros de lo que creemos, está dentro, en todo nuestro ser, impregnó de su presencia todo nuestro cuerpo desde que el sacerdote que nos bautizó nos ungió con el Santo Crisma. Jesús está en nuestro corazón, mente, manos, pies, boca, ojos y cuerpo. El Espíritu Santo es la persona de Dios en nosotros, es su vida en nosotros, qué misterio tan grande y hermoso. Él decidió quedarse hasta el fin del mundo por medio de su Espíritu, dándonos el don de ser su casa por medio del Bautismo.

“Si supiéramos cuánto nos ama Dios moriríamos de alegría” decía el Santo Cura de Ars, pues si nos diéramos el tiempo de meditar en el amor, descubriríamos cuan profundo es su deseo de estar en nosotros, caminando a nuestro paso, acompañándonos en la vida, para así llegar a la presencia plena de Dios, a esa habitación que nos tiene preparada en el Cielo.

No podemos decir que estamos solos en la fe, Jesús camina con la Iglesia desde sus primeros pasos, nunca la ha desamparado ni ha apartado su vista de todos los que la forman. Gran mandato les dejó a sus apóstoles, enviándolos a hacer discípulos a todos los pueblos de la tierra, bautizándolos y enseñándoles. Él quiere guiarnos para que sigamos con esta misión de los apóstoles que se convierte en misión para toda la Iglesia. Pero para cumplir esto es necesario estar a sus pies y ser consientes de que Jesús va con nosotros y se quedará para siempre.