Arquidiócesis de Xalapa

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El cristiano ante la pandemia

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Lila Ortega Trápaga

«Haz que volvamos a ti, Yavé, y volveremos; haz que seamos de nuevo lo que fuimos antes» Lam 5, 21.

La crisis la conocemos bien, el virus, la pandemia, el encierro. Todo lo conocemos. No hay dinero, falta para comer bien, no podemos acudir al templo, las relaciones familiares y de amistad se hacen a distancia, nos preocupa presentar alguna otra enfermedad porque sabemos que de acudir al médico o al hospital, corremos el riesgo de contagiarnos.

Parece que Dios calla. el silencio es profundo, se hace duro soportar la soledad y el miedo sin los brazos del Padre que nos hace sentir protegidos, sin recibir los sacramentos, silencio que angustia como al niño pequeño que se queda solo en medio de la nada sin el cobijo de sus papás. Parece que Dios se olvidó de nosotros, que no nos escucha, y ¿le hablamos?

No hemos orado lo suficiente. No por el fin de la pandemia, sino también por el fin del pecado. De eso no parecemos angustiados, de eso no nos estamos cuidando. ¡Y es lo más importante! Es lo único que debería angustiarnos.

Dios se hace presente en dos cristianos en este tiempo: el que sufre y el que sirve. Porque en el dolor, el cristiano se santifica, cuando lo ofrece como oración para la salvación de las almas, acompañando en la cruz a Jesucristo. Y en el servicio, el cristiano se torna el rostro y las manos de Cristo, que ama profundamente, y al donar y donarse construye el reino para sus hermanos, y lo construye para sí.

El sufrimiento y el servicio van ligados, no se pueden separar, el que sufre se entrega en oración, el que sirve se entrega en obras.

La solución al regreso será que aprendamos a respetar la naturaleza, a practicar las virtudes y ser solidarios con el hermano. Respetar la vida en toda etapa y condición, vivir de acuerdo a los principios de doctrina cumpliendo los mandamientos. Solo así podremos volver a empezar de manera sana.

«Que la dignidad de la persona humana que Jesucristo quiso defender entregando su vida por todos los seres humanos para que no hubiera muertes injustas como la de Él, ilumine estos días de reflexión y nuestro camino en este momento extremo. Que el esfuerzo de este aislamiento sea también la esperanza de que tendremos la recompensa en un abrazo fraterno y futuro entre todos» Monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima.