Arquidiócesis de Xalapa

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El Santo de todo el mundo

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José Antonio Serena González

Este 13 de junio la iglesia celebra la fiesta de uno de los grandes santos, San Antonio de Padua, doctor de la Iglesia.

Su nombre de nacimiento fue, Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo. A los 15 años de edad ingreso a los Canónigos Regulares de San Agustín, 10 años más tarde ingreso a la orden de los frailes menores, franciscanos, en donde adopto el nombre de Antonio.

Tenía voz clara y fuerte, memoria prodigiosa y un profundo conocimiento, el espíritu de profecía y un extraordinario don de milagros. Su fama de obrar actos prodigiosos nunca ha disminuido, el Papa León XII lo llamó “el Santo de todo el mundo” porque por todas partes se puede encontrar su imagen y devoción.

El milagro de mula que adoró la Eucaristía.

Un día tuvo delante de sí un pecador de los más duros, y que no creía en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, san Antonio de Padua daba razones, exponía los argumentos, con tanta virtud y sabiduría, que el hombre acabó callándose, sin saber qué decir. Pese a todos los argumentos de San Antonio este hombre le dijo: "Sí, veo que tienes razón, pero quiero apenas una cosa... dejemos las palabras y vayamos a los hechos. Si puedes probar, con algún milagro, en presencia de todo el pueblo, que el Cuerpo de Cristo está realmente en la hostia consagrada, ¡yo abandonaré mis errores y me volveré católico!" confiando en el Señor, San Antonio aceptó lo que aquel hombre le solicito. "Entonces haz lo que te pido... Tengo en mi casa una mula. Voy a encerrarla y dejarla sin ningún alimento. Después de tres días, llevaré esta mula delante de ti y de todo el pueblo. Ante ella colocaré avena en cantidad, y tú presentarás aquello que dices que es el Cuerpo de Jesucristo. Si el animal muerto de hambre, abandona la comida para ir al encuentro de ese Dios que, según dices, debe ser adorado por toda criatura, yo de todo corazón creeré en las enseñanzas de la Iglesia Católica".

El esperado día llego, toda la gente del pueblo se reunió en la plaza para ser testigos de la prueba, Antonio celebraba misa en una capilla cercana, el incrédulo arribo a la plaza, cargando avena para el animal y acompañados de algunos de sus amigos, todos seguros de la victoria que tendrían. En medio de un gran silencio, San Antonio salió de la capilla con el Santísimo Sacramento en las manos, al llegar a la plaza su voz fuerte y confiado corto el silencio, exclamando: "En nombre y por la virtud de tu Creador, que yo, aunque indigno, traigo en mis manos, te ordeno, pobre animal, que vengas sin demora a inclinarte humildemente delante del Rey de Reyes. ¡Es necesario que esos hombres reconozcan que toda criatura debe someterse al Dios Creador, que todo sacerdote católico tiene la honra de hacer descender sobre el altar!" al mismo tiempo el incrédulo le acerco la avena al animal, muerto de hambre, entonces sucedió el milagro, la mula sin dar ninguna atención a la comida que le ofrecían, y atendiendo a las palabras de San Antonio, se inclinó al nombre de Jesucristo, dobló las patas y se postró delante del Santísimo Sacramento, en señal de adoración.

Mucho se puede decir de la vida de San Antonio, pero este gran miagro nos invita y nos prueba que ante la presencia de Jesús toda rodilla se doblará.