Arquidiócesis de Xalapa

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Indulgencia Plenaria y perdón de los pecados en tiempos del COVID

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María Gabriela Hernández Cuevas

La misericordia de Dios siempre nos alcanza y este tiempo de pandemia no ha sido la excepción. Ante la crisis sanitaria puede ser angustiante para los católicos pensar en cómo permanecer en la gracia cuando no es tan sencillo acudir a la Confesión o recibir la Unción de Enfermos en caso de que la vida peligre, en especial para aquellos que padecen de COVID-19, sus familias y el personal de salud que los atiende. El Papa Francisco no fue indiferente a esta realidad en el mundo, por lo que a través de la Penitenciaría Apostólica concedió el “don de indulgencias especiales”.

El pecado tiene una doble consecuencia, una es la pena eterna derivada de haber cometido un pecado mortal, que nos hace incapaces de la vida eterna; mientras que la otra es la pena temporal derivada de cometer un pecado venial, el cual conduce a un apego desordenado necesario de purificar ya sea en esta vida o después de la muerte en el Purgatorio. El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios por el Sacramento de la Confesión nos libra de las penas eternas del pecado, pero las penas temporales permanecen (CEC, 1472-1473).

Por lo tanto, en el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 1471 establece que la indulgencia “es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos”.

Para obtener el don de indulgencias especiales que el Papa ha determinado desde marzo por la pandemia del COVID-19, los enfermos de coronavirus, los que están en cuarentena, los trabajadores de la salud y los familiares expuestos al contagio por ayudar a los afectados, “podrán simplemente recitar el Credo, el Padre Nuestro y una oración a María” (Vatican News). La Penitenciaría añade que sea “con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), apenas les sea posible”.

La Penitenciaría Apostólica, además, concede la indulgencia plenaria también a los feligreses que ofrezcan alguno de estos actos: la visita al Santísimo, la Adoración Eucarística, la lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora, el rezo del Santo Rosario, el Vía Crucis, la Coronilla de la Misericordia, el rezo del himno Akàthistos a la Madre de Dios, o el Oficio de la Paràklisis a la Madre de Dios. Con la intención de implorar a Dios el fin de la epidemia, el alivio de los afligidos y la salvación eterna de los fallecidos. Comprometiéndose a cumplir con las condiciones habituales en cuanto les sea posible: la confesión, la comunión y la oración por la intención del Papa.

Además, “la indulgencia plenaria puede ser obtenida también por los fieles que a punto de morir no pueden recibir el sacramento de la unción de los enfermos y el viático: en este caso se recomienda el uso del crucifijo o de la cruz” (Vatican News).

Respecto a los fieles que tienen imposibilidad para recibir la Confesión en este tiempo, podrán realizar un acto de contrición perfecta, expresando una sincera petición de perdón, esta acción obtiene el perdón de los pecados, incluso mortales, siempre y cuando se tenga firme propósito de recurrir cuanto antes a la confesión sacramental, como se indica en el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 1452.

Es clara la presencia de la misericordia de Dios para con su Iglesia en este difícil momento, que este mensaje del Papa Francisco a través de la Penitenciaría Apostólica sea nuestro alivio y consuelo, nos evite angustias y nos de la certeza de que nuestra alma y la de nuestros hermanos, están en las manos del Padre.

El Decreto de la Penitenciaría Apostólica puede consultarse en https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2020/03/20/pande.html