Santiago, el temperamental
Manuel Castelán Lunagómez
¡Qué imponente debió ser la presencia de Jesús entre el pueblo! Y esto a razón de las narraciones que hace san Mateo, en donde recoge las vivencias del anuncio del Evangelio de Cristo (Cap. 4, 21-22), especialmente donde se relata como Jesús reúne a sus primeros discípulos de una forma sumamente impresionante, los llama y ellos, dejando lo que estaban realizando, lo dejan y comienzan a seguir al Señor. Uno de los cuatro primeros apóstoles de Cristo es Santiago “el Mayor”; se le nombra como “el Mayor” para distinguirlo del otro Santiago, hijo de Alfeo y pariente de Jesús; su nombre real es Jacobo, pero dada una transliteración al castellano, se le conoce en la actualidad con el nombre compuesto de Santiago (Sanctus Iacobus); éste era hijo del Zebedeo y hermano de san Juan Evangelista, quienes según lo narrado por san Mateo, estaban trabajando a orillas del mar de Galilea, arreglando las redes –con lo cual se sabe eran pescadores-, cuando Jesús los llamó; junto con su hermano recibieron de Jesús el apodo de Boanerges o “Hijos del Trueno”, dados sus temperamentos impulsivos, esto lo plasma san Lucas en su Evangelio, cuando narra que llegados a un pueblo samaritano, cerca de Jerusalén, los residentes no quisieron darle alojamiento al Señor, entonces Juan y Santiago se acercaron a él ofreciendo pedir que bajara fuego del cielo para que los consumiera (Lc 9, 54); Cristo los reprendió, pero su actitud siempre sería recordada. En otra ocasión, se acercaron a Jesús, los Boanerges y su madre, para pedirle los primeros puestos, sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda cuando llegara a reclamar el trono de su reino (Mc 10, 35-45); allí Jesús les cuestiona sobre su compromiso con la misión, y ser capaces de “beber el cáliz” que el Señor bebería, refiriéndose al sufrimiento que viviría, a lo que ellos, impetuosamente y sin comprender del todo, afirman que lo beberán, confirmando esto Jesús pero haciendo de ello una enseñanza, donde reflexiona que el deseo por ser el primero se debe reflejar en el servicio a los demás.
El compromiso de Santiago con el anuncio de la Buena Nueva fue tan grande que siempre se le distinguió como muy cercano al Maestro. Fue testigo presencial, en compañía de su hermano y de san Pedro, de la Transfiguración y de la agonía del Señor en el Huerto de los Olivos; y todo esto lo fue conduciendo de tal modo que tuvo un celo ardiente por predicar a todos la llegada el Reino en Jesucristo. La tradición le adjudica la predicación del Evangelio de Jesús en tierras de la península ibérica, en la región de Galicia, lo que actualmente es España, y por ende se le considera como el patrono de esas tierras, especialmente donde se cree residen sus restos, en el Campo de la Estrella, o mejor conocido como Compostela. Las narraciones alternas a los evangelios relatan que, llegado el tiempo de vida terrenal de la Virgen María, la Madre de Jesús, los apóstoles de Jesús fueron convocados en apariciones por ella para regresar a Jerusalén y acompañarla en su tránsito terrenal y celestial; de allí que se tenga conocimiento de la aparición de la santa María virgen a Santiago, en una columna de luz, la devoción de los fieles llegó a denominar este hecho como la aparición de la Virgen del Pilar, advocación con que se reconoce a la Virgen María en toda la región de España. Después de tal acontecimiento, Santiago apóstol fue decapitado, poco antes de la fiesta de Pascua, por Herodes Agripa, siendo así el primero de los apóstoles que recibió la corona del martirio, como lo narran los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo 12 (1-2). El día 25 de julio, la Iglesia Católica celebra su memoria con el grado de Solemnidad litúrgica, y lo celebra con el respectivo color rojo, símbolo que recuerda la sangre de los mártires que dieron toda su vida por Cristo.