Arquidiócesis de Xalapa

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Los Mandamientos, Pedagogía Divina

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Pbro. Joaquín Dauzón Montero

Cuando pienso en el don de la vida y mi derecho inalienable a vivirla, pienso en la libertad, y al pensar en la libertad, pienso en la posibilidad de optar, de escoger entre el bien y el mal, porque no soy un ser predeterminado. Pienso, claro y creo en el creador del cielo y de la tierra, en el que me dio la vida y la libertad. Y todo esto me lleva a pensar en el cómo ese creador mío está presente y conmigo en mi día a día y cómo ha dispuesto que yo viva y aprenda a ser libre, porque la libertad es un aprendizaje. A su intervención en nuestra vida le damos el nombre de PEDAGOGÍA DIVINA.

Él, como un verdadero pedagogo, me lleva y nos lleva, de la mano y camina conmigo, con nosotros en este aprendizaje. Y pienso, ahora, en sus mandamientos, en esos mandamientos que, en primer lugar, se refieren a las relaciones verdaderas con EL y, en segundo lugar en las relaciones con mis semejantes. Nada más que, antes de estas palabras que han guiado al pueblo judío y al cristiano, hay algo antes que quiero tener en cuenta: se trata de un primerísimo mandamiento que podemos leer en el libro del Génesis 2,16 y 3,11: “De todo árbol del huerto puedes comer, pero no del árbol del conocimiento del bien y del mal …porque morirás”, “ ¿Cómo te diste cuenta que estabas desnudo, acaso comiste del árbol que te prohibí?”

Se dice que aquí se define la identidad del hombre como ser moral, responsable de sí mismo, pero, ojo, limitado. Este mandamiento marca y define mi tarea, tu tarea, en el mundo, somos libres, pero no independientes. Cito aquí tal cual unas palabras del Dic. de la Biblia: “ Las cosas están ahí, sin más, el hombre, en cambio, no está sin más, debe estar, descubriendo y cumpliendo una ley, puede disponer del huerto, pero no es dueño absoluto de él ni arbitrario, sin reglas o control”. Por eso el hombre escucha las palabras positivas: puedes comer de todo, y negativas: no puedes comer del árbol del conocimiento, porque te arrogarías un poder que sólo es del legislador.

Y aquí empieza la Pedagogía Divina que quiere llevarme de la mano para conquistar mi verdadera libertad. Quiero en este momento referirme al documento de Puebla (1979) que habla del hombre como un ser relacional. Enseña que el hombre es un ser que se relaciona, verticalmente, con Dios su creador y, horizontalmente, consigo, con sus semejantes y con la naturaleza, el huerto, como lo enseña el Génesis.

Para conseguir la verdadera libertad están las palabras del Legislador Divino que son las únicas leyes que nos liberan si verdaderamente son las que rigen nuestra vida. Así que no soy un ser independiente en absoluto, soy un ser que depende de Dios y de los demás, no me basto a mí mismo, soy un ser necesitado; soy un ser que se comunica, que se relaciona, ya vimos cómo, soy un ser social, soy un ser con y para los demás.

Los mandamientos son, pues, el medio para lograrlo, los llevo escritos en mi ser y sólo de esta manera puedo lograr la convivencia verdadera como ser social con los demás, y lograr vivir en armonía relacionándome con Dios, conmigo, con mis hermanos y con la naturaleza. Los mandamientos no hay que verlos verticalmente sino horizontalmente: si nos relacionan con Dios, pero sobre todo nos relacionan armónicamente conmigo, con las cosas y con los demás. Así quiere el legislador que marche su creación y así quiere que camine armónicamente con los demás.