Arquidiócesis de Xalapa

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Dones al servicio de Dios

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María Gabriela Hernández Cuevas

Casi todos batallamos cuando alguien nos pide enlistar nuestras virtudes y habilidades. No pasa lo mismo con nuestros defectos, ya que con facilidad reconocemos lo que debemos mejorar o lo que nos molesta de nosotros mismos. Incluso puede ocurrir que una persona desconozca sus habilidades, que le dé pena reconocerlas o que piense que no tienen ningún rasgo bueno. Pero no hay nada más lejano que esto.

Dios nos creó con virtudes, habilidades, rasgos positivos, aptitudes y dones que nos ha dado de manera gratuita. Por lo que descubrirlos y reconocerlos es una obligación para cada cristiano, ya que el Señor las he puesto ahí para cumplir una misión especial. En el Evangelio podemos encontrar un hermoso episodio de la vida de Jesús, cuando en un lugar desierto multiplica cinco panes y dos peces para alimentar a más de 5,000 personas (Mateo 14, 13-21).

Cinco panes y dos peces bastaron, pero no por sí mismos, no por el joven que los ofreció, sino porque pasaron por las manos de Jesús bajo la mirada del Padre. Así sucede cuando decidimos ofrecerle a Dios nuestra pobreza, nuestras muchas o pocas habilidades para la extensión del Reino, él las multiplica. El Señor toma todo, nuestro tiempo, esfuerzos, dones, cualidades, obras de misericordia y las engrandece para alimentar al que más lo necesita.

¿Cómo podemos poner al servicio nuestros dones? Puede ser que destinemos tiempo a realizar voluntariado en alguna asociación que ayude al necesitado, podemos prepararnos y dar catequesis, también podemos dar de comer a alguna persona de nuestro vecindario que viva en situación de pobreza, podemos poner al servicio de la Iglesia nuestros conocimientos profesionales y aceptar cualquier encomienda que Dios ponga en nuestro corazón.

El Señor puede hacer que en medio del desierto surja una fuente de agua viva al ofrecer nuestros dones a Él. Jesús se encargará de multiplicarlos, santificarlos y darles sentido para que otros sean saciados. Sólo basta darle nuestra pobreza.