SAN JUAN BAUTISTA MARÍA VIANNEY, EL SANTO CURA DE ARS
P. Salvador Morales Casas.
Juan Bautista María Vianney nació en Dardilly, Francia, el 8 de mayo de 1786. Durante su infancia estalló la Revolución Francesa que persiguió ferozmente a la religión católica. Así que él y su familia, para poder asistir a misa tenían que hacerlo en celebraciones hechas a escondidas.
En 1806, el cura de Ecully, M. Balley, abrió una escuela para aspirantes a sacerdotes y Juan Bautista María Vianney fue enviado a ella. Era de inteligencia mediana y sus conocimientos eran extremadamente limitados, el estudio fue para él algo excesivamente difícil. El joven Vianney fue llamado a filas del ejército frances, pero por causas de la Divina Providencia se libró de ir a combatir. En 1812 fue enviado al seminario de Verrieres; después de batallar mucho en el aprendizaje de los conocimientos necesarios para ser sacerdote, el 13 de Agosto de 1815 fue ordenado sacerdote por Monseñor Simon, obispo de Grenoble. Ya que su corto aprendizaje no impidió que estuviera muy adelantado en la práctica de las virtudes. Fue presentado al obispo de esta manera: "Es excelente persona. Es un modelo de comportamiento. Es el seminarista menos sabio, pero el más santo" "Pues si así es - añadió el prelado - que sea ordenado de sacerdote, pues aunque le falte ciencia, con tal de que tenga santidad, Dios suplirá lo demás".
En 1818, el padre Juan María Vianney fue nombrado párroco de Ars, una aldea pobre y no muy lejos de Lyon. Siendo párroco el "Cura de Ars" se hizo conocido en toda Francia y el mundo cristiano. Algunos años después de llegar a Ars, fundó una especie de orfanato para niñas desamparadas. Se le llamó "La Providencia" y fue el modelo de instituciones similares establecidas más tarde por toda Francia. El propio Vianney instruía a las niñas de "La Providencia" en el catecismo, y estas enseñanzas catequéticas llegaron a ser tan populares que al final se daban todos los días en la Iglesia a grandes multitudes. "La Providencia" fue la obra favorita del "cura de Ars".
Pero la principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas, la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países. Durante los últimos diez años de su vida, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesionario. Su consejo era buscado por obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, pecadores, personas con toda clase de dificultades y enfermos. En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. Su dirección se caracterizaba por el sentido común, su notable perspicacia, y conocimiento sobrenatural. A veces adivinaba pecados no revelados en una confesión imperfecta. Sus instrucciones se daban en lenguaje sencillo, lleno de imágenes sacadas de la vida diaria y de escenas campestres, pero que respiraban fe y ese amor de Dios que era su principio vital.
Sus milagros principales fueron: la obtención de alimento para los huérfanos, conocimiento sobrenatural del pasado y del futuro; la curación de enfermos, especialmente niños y el mayor milagro de todos fue su vida. Practicó la mortificación desde muy joven y durante cuarenta años su alimentación y su descanso fueron insuficientes, humanamente hablando, para mantener su vida. Y aun así, trabajaba incesantemente, con inagotable humildad, amabilidad, paciencia, y buen humor. El 4 de agosto de 1859 fue llamado por Dios a la vida eterna. El Cura de Ars, Juan Bautista María Vianney fue canonizado el 31 de mayo de 1925 por el Papa Pío XI. Es el Santo Patrono de los párrocos, su fiesta se celebra el 4 de Agosto, fecha en que se celebra también el día del párroco.