Santo Domingo de Guzmán
José Antonio Serena González
Nació en España en 1171, su Madre Juana de Aza era una mujer admirable y fue declarada Beata, ella educo a su hijo con una estricta formación religiosa. A los 14 años se fue a vivir con un tío sacerdote en donde estudió y trabajo, tenía un goce especial por los libros y la caridad por los pobres.
En aquello época sobrevino una gran hambruna, la gente suplicaba por algo de comer, Domingo repartió lo que había en su casa, incluso el mobiliario, tanta era su caridad que llego a vender lo que más atesoraba, sus libros, que en aquel tiempo eran muy costosos; con lo que obtuvo por ellos ayudo especialmente a aquellas personas que lo criticaban duramente, y decía: No puede ser que Cristo sufra hambre en los pobres, mientras yo guarde en mi casa algo con lo cual podía socorrerlos".
Cierto día realizo un viaje, por el sur de Francia, con su obispo; se dio cuenta que los herejes habían invadido regiones enteras llevando miles de almas a la perdición. Observo que los misioneros no utilizaban un buen método para la evangelización, pues llegaban en carros lujosos, con sus secretarios y se hospedaban en los mejores hoteles. De tal forma que los frutos de esa predicación eran mínimos.
Santo Domingo el darse cuenta de esta necesidad, se propuso idear un plan diferente, se percató que la gente se impresionaba al ver que el misionero era tan pobre como ellos, su vida fuera un ejemplo y sobre todo que emplearan todas sus fuerzas en la predicación. Domingo buscó un grupo de compañeros y con una vida de total pobreza, y con una santidad de conducta impresionante, empezaron a evangelizar con grandes éxitos apostólicos.
Después de 10 años de predicación, en donde sus armas principales fueron la oración, la paciencia, la penitencia, y muchas horas dedicadas a instruir a los ignorantes en religión, ya había reunido un numero considerado de misioneros, entonces pensó la idea de formar una comunidad religiosa; acompañado por su obispo visitaron al Papa Inocencio III para plantearla su inquietud. El Santo Padre dudo concederle el permiso, pero cuenta la historia que el Su Santidad tuvo un sueño en donde vio el edifico de la iglesia ladearse y con peligro de venirse abajo, pero llegaban 2 hombres –San Francisco y Santo Domingo– estos le pusieron el hombro al edificio y lo volvieron a levanta; después de este sueño el Papa no dudo en concederle el permiso.
Los biógrafos de Santo Domingo dicen que cierto día el Santo tuvo un sueño en donde Dios iba a desatar su ira contra el mundo, pero vio como la Santísima Virgen señalaba a 2 hombres que con sus obras iban a interceder ante él y calmarían su ira. Uno era él, Domingo, pero el otro era un pordiosero desconocido. Al día siguiente mientras domingo rezaba, entro en el templo un hombre vestido como pordiosero, Santo Domingo corrió a abrazarlo y le dijo: “Los dos tenemos que trabajar muy unidos, para conseguir el Reino de Dios", el pordiosero era nada más y nada menos que San Francisco de Asís.
Santo Domingo funda la orden de los Padre Dominicos o comunidad de predicadores, en agosto de 1216, con 2 normas esenciales que hasta el día de hoy siguen vigentes:
Primero contemplar, y después enseñar. Es decir: antes dedicar mucho tiempo y muchos esfuerzos a estudiar y meditar las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, y después sí dedicarse a predicar con todo el entusiasmo posible.
Predicar siempre y en todas partes. El oficio principal de sus religiosos sea predicar, catequizar, tratar de propagar las enseñanzas católicas por todos los medios posibles.
Totalmente desgastado de tanto trabajar y sacrificarse por el Reino de Dios a principios de agosto del año 1221 se sintió falto de fuerzas, estando en Bolonia, la ciudad donde había vivido sus últimos años. Tuvieron que prestarle un colchón porque no tenía. Y el 6 de agosto de 1221, mientras le rezaban las oraciones por los agonizantes cuando le decían: "Que todos los ángeles y santos salgan a recibirte", dijo: "¡Qué hermoso, qué hermoso!" y expiró.
A los 13 años de haber muerto, el Sumo Pontífice lo declaró santo y exclamó al proclamar el decreto de su canonización: "De la santidad de este hombre estoy tan seguro, como de la santidad de San Pedro y San Pablo".