Arquidiócesis de Xalapa

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Motivaciones para el perdón

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Francisco Ontiveros Gutiérrez

Un Padre compasivo

La historia de nuestra salvación se puede leer bajo la clave de lectura del perdón. Dios es un Padre entrañable que nunca se cansa de perdonar. Siempre se ha manifestado como un Padre bueno y misericordioso, cercano, que ama y que no solo perdona los pecados, sino que sale a luchar con su pueblo, vence con ellos sus batallas. Cura todas las enfermedades, rescata la vida de todos los sepulcros, y siempre colma de amor y de ternura (cfr. Sal 103, 3-4). Ese es nuestro Dios, un Padre bueno que nos ha hecho para amar y ser felices. Dios perdona para enseñarnos que el perdón es una medicina para el alma.

El rostro del perdón

Nosotros tenemos acceso a Dios, nuestro Padre, a través de Jesucristo, nuestro Señor. Sabemos del Padre lo que Jesús nos ha predicado de Él, porque nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el hijo se lo quera revelar (Cfr. Mt 11,27). Jesús nos ha mostrado que la cultura del perdón nace del corazón entrañable del Padre. Por eso Jesús nos ha enseñado que el perdón es fundamental para poder vivir según los valores del Reino. Nadie que se diga seguidor del Maestro puede mantenerse al margen del perdón. El perdón está en el corazón de la predicación de Cristo, el cual no solo nos ha hablado del perdón, Él mismo nos ha dado testimonio del perdón en el momento fundamental de su vida, en la Cruz: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (cfr. Lc 23,34).

¿Por qué perdonar?

Todos abrigamos la necesidad de perdonar. Así es, el perdón es una necesidad que todos tenemos como una verdadera necesidad básica, de esas que hemos de satisfacer a toda costa y para poder vivir. Y es que, podemos pasarnos la brevedad de nuestra vida acumulando rencores, llevando cuenta del mal que nos han hecho, agazapados detrás de tantas heridas y cicatrices, y quedarnos ahí, a la orilla del camino relamiendo nuestras heridas. O podemos atrevernos a vivir en serio, de verdad, tal como nos ha enseñado Cristo. La verdadera vida se logra con la ligereza de equipaje, alcanzando la madurez de tomar distancia de aquello que lejos de hacernos bien nos daña y termina por enfermarnos completamente.

Perdonar de corazón

Sin el perdón la vida en comunidad simplemente es imposible. El perdón es la consecuencia necesaria del amor, del amor realista, ¡del amor, incluso, al enemigo! La misericordia empieza en uno mismo, experimentando el inagotable amor que Dios nos tiene, y siendo misericordiosos con nuestra propia naturaleza humana, sin buscar exigirnos demasiado que nos olvidemos de la necesidad de ser redimidos por el Señor, que no lleva cuenta del mal. El perdón es un don de Dios. El perdón es una escuela que nos lleva a ser compasivos unos con otros, instaurando la cultura de la reconciliación, del amor desinteresado, haciendo posible el Reino entre nosotros, donde se perdona siempre y todo (setenta veces siete).