Arquidiócesis de Xalapa

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EL PERDÓN ES LA MAYOR EXPRESIÓN DEL AMOR

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Psic. Deyanira Ramírez Guzmán

Abordar el tema del perdón nos remite necesariamente a dos aspectos importantes: la herida y la sanación. En nuestra naturaleza social, el contacto y el roce frecuente con el hermano hace surgir una fuente inagotable de heridas de todo tipo. Las heridas producen dolor. Cuando le resistimos surge el sufrimiento. ¿Qué hacer? El padre Ignacio Larrañaga, en su libro Del sufrimiento a la Paz, recomienda Salvarse a sí mismo. Es decir, es necesario levantarse, caminar, actuar en busca del bienestar, de la sanación del dolor y de la herida que lo gestó.

El padre Nouwen, H. (2009) en su libro El regreso del hijo pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, nos explica la clave a profundidad. Es necesario recurrir a la mayor fuente de sanación, a la fuente de agua viva para recuperar la salud, el bienestar, la felicidad, el sentido de la vida: la fuente es el perdón. El perdón es la mayor expresión del amor, el amor es perdón.

¿En qué se diferencia el perdón humano del perdón cristiano? En primer lugar, en la perspectiva: el perdón cristiano tiene en el centro de su corazón a nuestro Señor Jesús. Se ofrece bajo los condicionantes de la fe. Por lo tanto, si somos seguidores de Jesús haremos lo que él hizo, seguiremos sus pasos.

Todo cristiano comparte con Dios la generosidad de otorgar el perdón a los hermanos; de ofrecer el perdón al prójimo. El perdón nos lleva a imitar al Padre de la misericordia, como nos lo sugiere el evangelio, nos convierte automáticamente en sus verdaderos hijos (Mateo 5,43)

¿Cuáles son las condiciones para perdonar?

• Reconocer la necesidad de ser sanados y de sanar a quienes hemos herido.

• Acercarse a Dios con un corazón contrito, arrepentido y humillado (salmo 51)

• Ver al hermano con la mirada de Jesús, ¿cómo lo miraría Jesús?

• Creer, confiar en el poder de Dios que él lo limpia todo, lo restaura todo.

¿Cómo perdonar?

El Padre Ignacio Larrañaga nos propone en su libro Encuentro tres ejercicios de perdón (En principio no es necesario pedir perdón o perdonar con palabras. Muchas veces es suficiente un saludo, una mirada benevolente, una aproximación).

1. EL PRIMER EJERCIciO ES PONERSE EN EL ESPÍRITU DE JESÚS, EN LA FE. Asume sus sentimientos y mira al “enemigo” con los ojos y sentimientos de Jesús, como si fueras Jesús. En seguida, concentrado, en plena intimidad con el Señor Jesús dí al Señor: “Jesús entra dentro de mí. Toma posesión de mi ser. Calma mis hostilidades. Dame tu corazón pobre y humilde. Quiero sentir por ese “enemigo” lo que Tú sientes por él, lo que Tú sentías por él al morir en él”. Ora de esta manera 30 minutos aproximadamente.

2. EL SEGUNDO EJERCICIO ES COMPRENDER. Fuera de casos excepcionales nadie actúa con mala intención. ¿No estarás tú atribuyendo a esa persona intenciones perversas? Señala el P. Larrañaga, “Si supiéramos comprender no haría falta perdonar”.

3. EL TERCER EJERCIciO ES DESLIGAR, INTERRUMPIR. Suspende la actividad mental o desvía la atención hacia otra cosa. Como se ve, no es un perdón propiamente tal, pero tiene sus efectos. Puede ser el primer paso, sobre todo cuando la herida es reciente.

El perdón no es solo una condición previa de la vida nueva, sino uno de sus elementos esenciales. Y el fruto será el gozo, la alegría y la paz.