Arquidiócesis de Xalapa

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Exaltación de la Santa Cruz

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Lila Ortega Trápaga

Cada 14 de septiembre se celebra la Exaltación de la Santa Cruz «en la que se muere para vivir; para vivir en Dios y con Dios, para vivir en la verdad, en la libertad y en el amor, para vivir eternamente» San Juan Pablo II. 

Santa Elena, emperatriz de Roma, madre de Constantino, el emperador que dio libertad a los cristianos, encontró el madero en que fue crucificado Jesucristo redentor, en el siglo IV. En el año 614 los Persas la arrebataron de Constantinopla como trofeo, al ganar la guerra. Después de 14 años, el emperador Heraclio rescató la cruz y dicho madero retornó a la ciudad santa un 14 de septiembre del año 628, fue así como se instituyó la festividad de la exaltación de la Santa Cruz.

Ante el miedo de volver a perderlo por robo, el madero de la Cruz fue partido, dividiéndolo en varios pedazos y repartido entre Roma, Constantinopla, y un pedazo fue guardado en un cofre de plata que permanece desde entonces en Jerusalén. No siendo estas todas las partes, pues las astillas se repartieron en diferentes ciudades del mundo llamadas Veracruz, que significa verdadera cruz. Y sí, nuestra ciudad vecina de Veracruz, resguarda una astilla.

Pero no sólo buscamos la exaltación de la cruz física donde murió nuestro Señor Jesús, sino que los cristianos hacemos la señal de la cruz en innumerables ocasiones: al iniciar o terminar el día, igual que en alguna actividad, en algún momento de tribulación, antes de orar, al bendecir y recibir una bendición.

Los mexicanos, después de la guerra cristera, tenemos la costumbre de que, al pasar frente a un templo, hacemos la señal de la cruz, públicamente, como signo de orgullo de ser cristianos, sin importar que se nos juzgue por ello. Desconozco si en otros países se realiza, pero no sería de extrañarse, puesto que devoción popular abunda y persecución a los cristianos se da en todos los países; en algunos más violento y por épocas. En otros se da de manera disfrazada y mediante la creación de sectas que disfracen una mala práctica, permitiendo todo lo que en realidad no es bueno para el hombre, poniendo así de moda las sectas pseudo cristianas.

También es costumbre enseñar desde muy pequeños, que cuando alguien siente temor ante las acechanzas del demonio se persigna para librarse del mal, como invocación a la Santísima Trinidad. Esta costumbre tiene origen en una narración de san Antonio Abad, que al ser atacado por terribles tentaciones del demonio, hacía la señal de la cruz y el enemigo huía. Desde ese tiempo.

 El pasaje del Evangelio que narra la petición de Jesús de tomar la cruz y seguirle, se refiere a llevar una vida entregada y con el único propósito de hacer la voluntad del Padre, amando al prójimo como Él nos ha amado. Es así como por medio de la cruz, podemos tener claro el camino a la santidad. Desafortunadamente, en diferentes momentos de la historia de la humanidad encontramos personajes que se apropian la cruz y la forman a modo, de tal manera que acaban convirtiéndola en bandera de lucha y pretexto para cometer atrocidades. Nada más alejado de la realidad.

Busquemos en cada momento, hacer la voluntad de Dios, Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.