Hijos adultos de 30 o más años en casa
Psic. Anilú Arechavaleta González
Los invito a crear un espacio de reflexión, utilizar la imaginación creativa para que podamos revisar esa función de vital importancia ser padres y madres que guían a sus hijos. Estamos conscientes que dentro de cada uno existe la sabiduría que a veces se encuentra dormida entre el culmino de sentimientos que embargan nuestra vida, entre querer guiar con respeto, libre albedrio, amor, confianza, seguridad, dotes de bondad, también nos perdemos de la ruta, el objetivo es guiar con libertad y respeto, sin caer en, libertinaje, actuar con firmeza, pero sin imposición y autoritarismo.
Guiar a los hijos no es algo fácil, pues en muchas situaciones nos confrontan hacia nosotros mismos, el cómo fuimos guiados y si dio resultado, como bien lo he dicho en mis platicas, no existe un instructivo que nos explique qué hacer, y mucho menos garantía alguna, que lo que estés haciendo el resultado será tal o cual, entonces fácil no es, pero no hay de otra, más que enfrentar la responsabilidad. Todos los padres y madres queremos ayudar a nuestros hijos, así que estamos dispuestos a emprender el viaje donde descubriremos la mejor versión de nosotros y de los que más amamos.
Nuestros hijos son nuestros maestros de ellos aprendemos, revivimos valores, creencias y prioridades, el guiar congruentemente entre lo que pensamos, decimos y hacemos, ayudara al camino de búsqueda, aclarando ideas para la toma de sus decisiones.
Me gusta algo que leí, y lo relaciono con el tema "El enfermo que se queja de sus dolores, pero se niega a tomar el medicamento" padres y madres agotados física y emocionalmente que no se atreven a manifestarles a sus hijos el temido “basta” necesito respirar, están tan involucrados y encargados de la estabilidad de la familia, que se resisten a aceptar que hay un problema, peor aún comentan…. es algo pasajero y que terminará o es "normal" "sucede en muchas familias y no pasa nada", pero que creen????... si pasa, a veces con la esperanza de salir bien librados o mal librados, de la situación que nos concierne, es el cómo y cuánto, tuvieron que soportar y pasar, ¿vivieron o sobrevivieron? es la pregunta.
En el proceso de ser y pertenecer a un grupo, fuera de la familia, a los padres les asalta la duda y se preguntan ¿Será que llego el momento? ¿Están preparados para el comienzo de la nueva etapa, nuevas relaciones, ese impulso de unirse a otro entorno? Este proceso de separación familiar es complicado, sin embargo, es relativamente normal y lógico que suceda, ellos también tienen que formar su familia, sin olvidar ese vínculo primario, ahora les corresponde vivir su propia experiencia.
Invariablemente lo que se quiere es lo mejor para nuestros hijos, lo que corresponde es apoyarlos y alentarlos a que experimenten el proceso de ser y pertenecer, soltarlos, para que encuentren su propia individualidad y camino, ellos adquieren seguridad, madurez y como resultado mayor libertad con responsabilidad, recordando que la libertad y responsabilidad estarán ligadas.
En la actualidad donde las relaciones de padres e hijos parecen haberse confundido entre autoridad, tiranía o dictadura, donde no encontramos el equilibrio, tan dañino nos parece actuar por exceso como por defecto. En ocasiones nos mostramos ante los seres que más amamos con miedo de acotar la frontera poner límites, creemos y tenemos claro las responsabilidades contraídas cuando son menores. Entonces nos preguntamos ¿Qué obligaciones tenemos como padres cuando los hijos se hacen mayores, entre 20 y 30 años sino es que más? ¿Qué sucede si tus hijos son aquellos que no les gusta trabajar, que les gusta salir los fines de semana, estar horas en el gimnasio en busca de ese super cuerpo, aquellos que deciden estudiar especialidad, maestría, doctorado y más con tal de continuar en casa que los padres se hagan cargo y que me dices de no aportar dinero a los gastos cotidianos de casa, etc.
Es difícil y agotador ver que el trabajo de padres jamás termina, aunque tus hijos sean adultos seguirás queriendo, protegerlos, cuidarlos y en muchas ocasiones hasta controlarlos, es por ese miedo a perder el control que nos resistimos a dejarlos que experimenten su propia experiencia, solo recuerda son tus hijos adultos por tanto son responsables de su propia vida.