Arquidiócesis de Xalapa

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El que obedece no se equivoca

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María Gabriela Hernández Cuevas

Qué difícil es obedecer, ciertamente desde que somos niños la palabra obediencia ha formado parte de nuestra vida: obedecer a nuestros papás, a nuestros maestros, tíos, personas mayores, etc. Desde que somos pequeños podemos notar la molestia que nos provoca atender órdenes porque muchas veces no están en sintonía con lo que queremos hacer. Se convierte en una acción incómoda y que incluso nos hace sentir inferiores, pero nada más lejos de la realidad.

Obedecer significa acatar una orden, en la mayoría de los casos proviene de una persona que representa una autoridad en nuestras vidas o de una serie de reglas establecidas en la sociedad, en nuestro trabajo o escuela. La obediencia como virtud, es responder a una orden que tiende a un bien que puede ser: ejecutar un trabajo digno, aprender algo nuevo, fomentar la constancia, crecer en el buen comportamiento, practicar acciones que fomentan los valores, el cuidado de la persona, entre otras cosas.

Si la orden que se nos da tiende a un mal o va en contra de los mandamientos de Dios, claramente estamos llamados a no responder a pesar de que nos lo pida una autoridad. Pero si tiende a un bien, obedecer nos ayuda a crecer, nos pone al servicio del otro, nos protege del mal y nos libera de nuestra soberbia. Se necesita humildad para obedecer y donación para hacerlo con gusto, es una acción voluntaria para responder a un bien mayor, aunque implique sacrificar nuestra comodidad.

Obedecer muchas veces puede librarnos del error, también es una forma en la que Dios nos protege y en algunas ocasiones nos muestra su voluntad. Por ejemplo, si como hijos obedecemos a nuestros padres, que tienen mayor sabiduría, experiencia y madurez, podemos evitar momentos de peligro y caminar por una senda segura. Cuántas veces no escuchamos experiencias en las que, por desobedecer a los padres, los hijos cayeron en vicios o tuvieron que afrontar una difícil consecuencia por sus actos.

Obedecer nos ordena, nos fortalece en el amor al prójimo y también ejercerla como virtud humana, nos ayudará a que podamos practicar la obediencia a Dios.