Arquidiócesis de Xalapa

Inicio  ›  Noticias

Cuando encuentras el sentido de la vida

Compartir

Abigail Martínez Dupuy

¡Hola, Me llamo Aby, y hoy quiero platicar un poco contigo, sobre esas preguntas que de repente, llegan a nuestra mente cuando somos jóvenes! A veces pasa cuando vamos caminando por el centro de la ciudad, entre la marimba y el sonido de nuestros audífonos, a mitad de una tarea, o mientras tomamos una taza de café; llegan cuando quieren, pero siempre son las mismas: ¿quién soy?, ¿qué hago en este planeta? ¿cuál es mi misión en la vida?

Quiero compartirte que por mucho tiempo me hice estas mismas preguntas, hasta que un día, me encontré de frente con la respuesta a todas ellas. Nací en una familia católica, Dios siempre estuvo presente, en mi casa, en mi escuela, ahora me doy cuenta que estaba decidido a ser parte de mi vida, y … ¡que bueno que fue así! Sin embargo, estoy segura que tú, al igual que yo, te has dado cuenta que el mundo en el que vivimos puede alejarnos de Dios con mucha facilidad, y es entonces que podríamos buscar la respuesta a nuestras preguntas con cosas que nunca, nos van a llenar.

Fue así, como en algún momento hace un par de años me pregunté, estando sola en mi recámara, ¿por qué, en medio de tanto dolor que vemos alrededor, en medio de un mundo cambiante a cada segundo,hemos sido llamados a algo tan maravilloso como la vida? Te prometo que la respuesta  llegó a mí con tanta claridad, que le ha hecho cobrar sentido a todo lo que hay a mi alrededor desde esa tarde: fuiste creado por y para el amor. Dios, sin necesidad alguna de nada, siendo el Rey del Universo, decidió crearte, simplemente para poder amarte.

¡Que increíble! ¿No te parece? Y no sólo eso, en todo lo maravilloso que es Él, ha puesto en ti una necesidad inmensa de amar y ser amado. Es por eso, que tu corazón estalla cuando amas a otros, y cuando a través de otros percibes el amor de Dios. Y, ¡seguramente has sentido ese deseo inmenso en tu corazón, de ser profundamente amado! Pues ese deseo tiene una razón, y esa razón, se llama Jesús.

Te invito a que hoy, te atrevas a buscarlo y pedirle que llene tu corazón, que responda a tus respuestas más profundas. Estoy segura que no te arrepentirás, porque al final, el amor de Dios es el único capaz de darle sentido a nuestros días.