Liderazgo para ser líder
Gonzalo Herrera Barreda
Mi gusto por el futbol soccer ha hecho que mucha de mi atención esté centrada en algunos momentos de este deporte; en mi reflexión del liderazgo, me llamó mucho la atención el desarrollo de una persona, Pep Guardiola. Él, como entrenador, ha sabido conducir equipos compuestos con gente capaz; un servidor pensaba que tener en el equipo a personas de gran talento daba la ventaja de tener casi el trabajo hecho, sin embargo, cuando tienes reunidos en una sala a personas que, además de su capacidad futbolística, han desarrollado un ego que puede hacer difícil la convivencia, ahí ha estado el genio de Guardiola.
En la Iglesia, liderar este conglomerado de millones de capacidades y egos, o, sólo tomemos nuestra Arquidiócesis, llevar el cayado de lo que sería la experiencia de dirigir a un sector del Rebaño del Señor en una época, como en todas, que es perseguida; las circunstancias pueden cambiar, pero las dificultades siempre han estado, y a pesar de ello, la capacidad de algunas personas nos ha sabido dirigir.
Existe un libro que trabaja el tema de liderazgo y que me ayudó a sintetizar todo eso que distingo en el ser humano que es capaz de guiar grupos y buscar alcanzar el gran objetivo que le mueve; la obra es de Chris Lowney, y el título es Liderazgo al estilo Jesuíta. Resume las características de un líder en cuatro aspectos: a. Conocimiento de sí mismo; b. Creatividad; c. Heroicidad; d. Amor. Cada una moldea una actitud que hace capaz de guiar y animar para que otros encuentren luz.
Hace unos días recordaba el testimonio de un hombre que dejó plasmada la actitud de liderazgo en la Iglesia, San Juan Pablo II; y, más reciente, traigo al presente la acción de San Rafael Guizar. En ambos, basta darnos una pequeña hojeada a su vida para darnos cuenta cómo supieron guiar al Pueblo de Dios, respondiendo con la aceptación de sus limitaciones, pero también reconociendo los Talentos que el Señor les dio; las épocas que vivieron les exigieron resolver, de manera particular y sin cruzarse de brazos, problemas que aquejaban su labor; vivieron el martirio, al sufrir con Esperanza los acontecimientos, no para ser vistos como víctimas, sino para cumplir con su tarea de Guías; y, sobre todo, reflejaron en cada una de sus acciones y pensamientos, el Amor del Padre. Grandeza de liderazgos.
Celebremos con Alegría que contamos con ejemplos que nos inspiran a realizar nuestra tarea; figuras que han sabido transparentar el Amor de Dios, que ha de movernos a plasmar en nuestros tiempos, la Esperanza que nos muestra la Vida Verdadera. ¡Gracias San Juan Pablo! ¡Gracias San Rafael!