Arquidiócesis de Xalapa

Inicio  ›  Noticias

Todos los santos fueron jóvenes

Compartir

María Gabriela Hernández Cuevas

Hubo una vez un joven, mejor dicho, adolescente, que en esta etapa en la que comenzamos a cambiar nuestra forma de ver la vida, manifestó estar convencido de querer ser santo, sí santo. Yo sé que estás pensando en un santo “de altar” o “de estampita”, probablemente piensas en un hombre vestido de monje, con barba y rostro piadoso sosteniendo un libro, pero ¿qué pensarías si te digo que la santidad es mucho más que eso y que incluso es para ti? ¿Qué pensarías si te digo que hasta los santos que conoces por la devoción de tus padres o abuelos, fueron jóvenes y muchos de ellos murieron antes de los 30?

Déjame platicarte un poco de Carlo, a él le gustaba jugar PlayStation, tenía hobbies, platicaba con sus amigos, bailaba, cantaba, hacía chistes, era un chico completamente normal. Pero tenía una convicción en el corazón, él deseaba estar con Dios a toda costa, deseaba estar con Él en esta tierra y en la otra vida, por lo que se esmeró por cumplir su voluntad. Con actos aparentemente “pequeños” ayudaba a los otros, al que veía en la calle hambriento o sin lugar para dormir, le compraba comida y sleeping bags con los ahorros que tenía. Él hacía extraordinario lo ordinario.

Dios nos ha creado de una forma única, no se trata de que un santo nunca juegue, nunca baile, nunca se ría, nunca esté feliz, no, al contrario, los santos experimentaron mucha alegría en esta vida porque Jesús le dio sentido a toda su existencia, ¡porque fueron auténticos!

Créeme que no te encontrarás con una sola historia de santos que se repita, cada uno tuvo una personalidad distinta y afrontaron diferentes retos. Además, la mayoría de los santos pasaron por la etapa de la juventud, y en ese momento siendo muy chicos decidieron poner su vida en manos de Dios, a pesar de las tentaciones. Todos los santos tuvieron algo en común: se sentían amados por Dios y no tuvieron más que seguirlo.

Carlo Acutis murió a los 15 años, pero nos ha dejado un ejemplo de cómo ser joven, como ser nosotros mismos y cómo ser los brazos, las manos y los ojos de Dios para los demás. Aprovechando la fiesta de todos santos, atrévete a conocer más de ellos, conoce sus vidas y descubre que fueron personas normales como tú y como yo, pero eso sí, firmes en su decisión de amar a Dios con todo su ser.