Arquidiócesis de Xalapa

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Indulgencia plenaria: caricia de Dios en medio del sufrimiento

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José Antonio Serena González

Durante el mes de noviembre se cumple 1 año que se detectó el primer paciente que dio positivo a COVID19, en china. En México estamos cumpliendo el octavo mes desde el inicio del confinamiento social.

La iglesia católica se vió obligada, por el bienestar de todos, a limitar la visita a los enfermos, el sacramento de la reconciliación así como las eucaristías. Las limitaciones siempre son para superarse.

La iglesia consciente de las necesidades espirituales que los fieles experimentan comenzó a idear formas para acompañar y velar por la salvación de las almas. Una de las estrategias y grandes aciertos que dio la iglesia, fue otorgar indulgencias plenarias.

La penitenciaría apostólica emitió un decreto, el 20 de marzo, que a la letra dice: “Se concede el don de Indulgencias especiales a los fieles que sufren la enfermedad de Covid-19, comúnmente conocida como Coronavirus, así como a los trabajadores de la salud, a los familiares y a todos aquellos que, en cualquier calidad, los cuidan”.

Además se ofrece la indulgencia plenaria a:

Enfermos al borde de muerte

Fieles que ofrezcan la visita al Santísimo Sacramento, o la Adoración Eucarística, o la lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora.

Según el Catecismo de la Iglesia, la indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados cometidos. Cada vez que cometemos un pecado se genera una culpa y una pena que uno debe purgar en este mundo o en la eternidad. Con la confesión sacramental se perdona la culpa y parte de la pena eterna. Con la indulgencia se da borrón y cuenta nueva.

Para ganar una indulgencia se debe estar en gracia de Dios y cumplir con las tres condiciones ordinarias que son:

La confesión sacramental

La Sagrada Comunión

La oración por las Intenciones del Papa.

Debido a la situación actual algunas personas no pueden cumplir con los 2 primeros requisitos; La iglesia otorga la indulgencia con la condición de tener la libre voluntad de cumplir los requisitos y realizarlos en cuanto le sea posible.

En el decreto la Penitenciaría expresa la cercanía de la iglesia con las personas que están al borde de la muerte y expresa: “La Iglesia reza por los que estén imposibilitado de recibir el sacramento de la Unción de los enfermos y el Viático, encomendando a todos y cada uno de ellos a la Divina Misericordia en virtud de la comunión de los santos y concede a los fieles la Indulgencia plenaria en punto de muerte siempre que estén debidamente dispuestos y hayan rezado durante su vida algunas oraciones (en este caso la Iglesia suple a las tres condiciones habituales requeridas). Para obtener esta indulgencia se recomienda el uso del crucifijo o de la cruz”.

En comunión de los santos seguimos pidiendo al Padre del cielo, por nuestros enfermos, personal de salud y por quienes cuidan a los enfermos.