Arquidiócesis de Xalapa

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María, modelo del Adviento

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Pbro. Francisco Suárez González

El papa Benedicto XVI ha llamado a María Santísima como la “Mujer del Adviento” y la propone como modelo para este tiempo de gracia, puesto que en ella encontramos las actitudes propias del Adviento: la confianza en la Palabra de Dios, que cumple sus promesas y la disponibilidad para acoger al Señor que viene.

Ella es modelo de una fe inquebrantable y ejemplar, así la contemplamos en el pasaje de la Anunciación (Lc 1,26-38):

Desde el saludo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” requiere fe, pues el ángel le presenta toda una identidad de la que ella no estaba consciente, la invita a darse cuenta de lo privilegiada que había sido por Dios y de lo sublime que era la elección de Dios hacia ella. Solo la fe le permite aceptarse por lo que el ángel le dice que es en el plan de Dios: “la llena de gracia”. La fe se convierte para María en la única medida para abrazar no solo su propio misterio, sino el de su mismo hijo: un puro don que Dios le ha dado no para su gozo o su exaltación, sino para el bien de todos.

Las palabras con que la Virgen María da su asentimiento: “Hágase en mí según tu palabra”, nos revelan la consciente aceptación de su función ante el desafío de una realidad y de un conjunto de acontecimientos que están más allá de la medida de la inteligencia y de los pensamientos humanos. Y esta respuesta solo la pudo dar un corazón lleno de fe.

“He aquí la esclava del Señor”. Esta es una profunda confesión de humildad y obediencia, pero sobre todo de confianza total en la palabra de Dios que, precisamente por no encontrar el más mínimo obstáculo de vacilación en el corazón de María, se convertirá de manera absoluta en palabra creadora. María escucha plenamente, acoge y medita dentro de su corazón para dar fruto. Esta palabra, que requiere fe, disponibilidad, humildad, prontitud, es aceptada tal como se deben acoger las cosas de Dios. Por lo tanto, la maternidad de María no es solo ni principalmente un proceso biológico. Es ante todo el fruto de la adhesión amorosa y atenta a la palabra de Dios.

Cuando María dijo: “Hágase en mí según tu palabra”, dio su consentimiento no solo de recibir al Niño, sino un sí a todo lo que conllevaba el ser la Madre del Salvador. Este consentimiento de María pone de relieve la calidad de su acto de fe. Fe es, ante todo, conversión, o sea, entrar en el horizonte de Dios, en la mente de Dios, en los pensamientos de Dios y de sus obras.

Por lo tanto, estas actitudes de María se convierten en el modelo que los cristianos debemos seguir para vivir el Adviento: su fe, su silencio, su oración, su alabanza agradecida al Padre, su disponibilidad a la voluntad de Dios y su prontitud al servicio.