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Las 3 gracias que recibimos al seguir a Jesús


Evangelio de hoy - Lucas 4,14-22

 (Jesús comienza a predicar): "En aquel tiempo, Jesús regresó a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor." Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír. Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca". Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Sobre el Evangelio de hoy - El Evangelio de Lucas, que acabamos de escuchar, nos hace revivir la emoción de aquel momento en que el Señor hizo suya la profecía de Isaías, al leerla solemnemente en medio de su pueblo. La sinagoga de Nazaret se llenó de sus parientes, vecinos, conocidos, amigos... Todos tenían los ojos fijos en él. La Iglesia tiene siempre los ojos fijos en Jesucristo, el Ungido, a quien el Espíritu envía para ungir al pueblo de Dios.

Los Evangelios nos presentan frecuentemente esta imagen del Señor en medio de una multitud, rodeada y apretada por personas que se acercan a él con sus enfermos, que le piden que eche a los espíritus malignos, que escuchan sus enseñanzas y le acompañan en el camino.

"Mis ovejas oyen mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen" (Juan 10, 27-28).

El Señor nunca perdió ese contacto directo con las personas. En medio de esas multitudes, siempre mantuvo la gracia de la cercanía con el pueblo en su conjunto, y con cada individuo. Lo vemos a lo largo de su vida pública, y así fue desde el principio: el resplandor del Niño atrajo suavemente a pastores, reyes y ancianos soñadores como Simeón y Ana. Así fue en la cruz: su Corazón atrae a todos hacia sí (Juan 12,32): Verónicas, Cireneos, ladrones, centuriones...

El término "multitud" no es despectivo. Tal vez a oídos de algunos, puede evocar una multitud sin rostro, sin nombre... Pero en el Evangelio vemos que cuando la muchedumbre interactúa con el Señor -que está en medio de ellos como un pastor entre su rebaño- algo sucede. En el fondo, la gente siente el deseo de seguir a Jesús, el asombro brota, el discernimiento crece rápidamente.

Quisiera reflexionar con ustedes sobre estas tres gracias que caracterizan la relación entre Jesús y la multitud.

La gracia de seguir.

San Lucas dice que la muchedumbre "buscaba a Jesús" (lucas 4,42) y "viajaba con él" (14,25). Lo rodearon"; y se reunieron para oírlo (5,15). Su "seguimiento" es algo completamente inesperado, incondicional y lleno de afecto. Contrasta con la estrechez de miras de los discípulos, cuya actitud hacia las personas roza la crueldad cuando sugieren al Señor que los despida para que puedan comer. Aquí, creo, fue el comienzo del clericalismo: en este deseo de asegurarse una comida y un consuelo personal sin preocuparse por la gente. El Señor cortó esa tentación: "¡Tú, dales algo de comer!" fue la respuesta de Jesús. "¡Cuida de la gente!"

La gracia del asombro.

La segunda gracia que la multitud recibe cuando sigue a Jesús es la del asombro lleno de alegría. La gente se asombró de Jesús (Lucas 11, 14), de sus milagros, pero sobre todo de su misma persona. A la gente le gustaba encontrarlo en el camino, recibir su bendición y bendecirlo, como la mujer en medio de la multitud que bendijo a su Madre. El Señor mismo se maravillaba de la fe de la gente; se regocijaba y no perdía ninguna oportunidad de hablar de ello.

La gracia del discernimiento.

La tercera gracia que las personas reciben es la del discernimiento. "La multitud se enteró [de dónde había ido Jesús] y le siguió" (Lc 9,11). Quedaron "asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad" (Mt 7, 28-29; cf. Lc 5, 26). Cristo, el Verbo de Dios venido en carne, despierta en los hombres este carisma de discernimiento, que no es ciertamente el discernimiento de los especialistas en cuestiones conflictivas. Cuando los fariseos y los maestros de la ley discutían con él, lo que la gente discernía era la autoridad de Jesús, el poder de su enseñanza para tocar sus corazones y el hecho de que los espíritus malignos le obedecían (dejando momentáneamente sin habla a los que intentaban atraparle con sus preguntas; a la gente le gustaba eso; eran capaces de distinguir esto y les gustaba). (Homilía en la Basílica Vaticana, 18 de abril de 2019)

Oración para el Evangelio de hoy.

Señor, tu Palabra me llena de vida y de esperanza, y me deja una gran promesa de amor que, sólo a un Dios vivo y glorioso, podría habérsele ocurrido algo tan alejado de todo entendimiento humano: comer tu cuerpo y beber tu sangre para la vida eterna.

Tu alimento es fuente de vida, es donación y salvación y a la vez también es sanación para el alma, porque con él, me acercas más a tu divina presencia, purificando mi corazón con la esencia pura de tu amor.

Quiero sentirme vivo, entregarme de lleno a tu voluntad, ser un apasionado por la Eucaristía y sentir allí la presencia poderosa de tu corazón, un corazón amante de los que te aman y que acuden confiadamente a Ti

Tú, me prometes una vida llena de felicidad, y sobre todo, llena de gozo por toda una eternidad, donde no existe el mal ni deseos desenfrenados que me intenten separarme de tu amor.

Dios vida, Dios de riqueza en amor, que pueda sentir cada día, el anhelo de poseerte, comerte y guardarte en mi corazón. Que mi alma nunca pierda las ansias de ir a ese maravilloso encuentro Contigo.

Ven a mi vida y quédate para siempre. Que tus dulces consuelos me animen a salir adelante y que tu fuerza sea el cimiento que me sostenga en el momento de las desesperaciones.

Llévate mis angustias y preocupaciones, sana mis dolencias y lléname de ti. Que ningún lamento en mi interior quede sin recibir tu consuelo sanador.

Quiero permanecer sincronizado a la Luz de tu Verdad, de tu Palabra, y eso sólo puedo lograrlo a través de Cuerpo Eucarístico, en comunión contigo, con el Padre y con el Espíritu Santo. Amén

Propósito para hoy

Hacer un examen de conciencia evaluando cómo ha sido mi caridad hacia los demás, especialmente con aquellos a los que debo amar más.

Frase de reflexión

"Lleven la ternura y la misericordia de Dios a todos los que son descartados por la sociedad." Papa Francisco


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