Arquidiócesis de Xalapa

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Juan Bautista, su mensaje presente en el Adviento

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Pbro. Francisco Suárez González

Juan Bautista es el punto de unión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre las promesas y su cumplimiento. Es el último de los profetas de Israel: anuncia -como ellos- la llegada del Mesías, invitando a la conversión y; el primero de los evangelistas: da testimonio de que el Mesías ya ha venido, señalándolo entre los hombres. No se puede hablar de él sin hablar de Cristo, pero la Iglesia no recuerda nunca la venida de Cristo sin recordar al Precursor. No sólo el Precursor está unido a la venida de Cristo, sino también a su obra, que anuncia: la redención del mundo y su reconstrucción hasta la Parusía.

De este modo, Juan Bautista está siempre presente durante el Adviento. En realidad, su ejemplo debe permanecer constantemente ante los ojos de la Iglesia. La Iglesia tiene como misión preparar los caminos del Señor, anunciar la Buena Noticia, pero recibirla exige la conversión.

Entrar en contacto con Cristo supone el desprendimiento de uno mismo. Sin esta actitud, Cristo puede estar en medio de nosotros sin ser reconocido (Jn l, 26). Como Juan Bautista, la Iglesia tiene el deber de dar testimonio de la Luz (Jn 1, 7). Papel misionero siempre difícil el de anunciar la Buena Noticia: "Es preciso que él crezca y que yo disminuya" (Jn 3, 30). Como Juan Bautista, mostrar a sus propios discípulos donde está para ellos el "Cordero de Dios" y no acapararlos como si fuéramos nosotros la luz que les va a iluminar.

Esta debe ser una lección siempre presente y necesaria, así como también la actitud del desierto y la del recogimiento en el amor para dar mejor testimonio. La elocuencia del silencio en el desierto es fundamental a todo, verdadero y eficaz, anuncio de la Buena Noticia.

Durante el Adviento, la gran figura de Juan Bautista se nos presenta viva para nosotros, en camino hacia el día de Cristo. El mismo Jesús, tomando el texto de Malaquías, nos habla de Juan como "mensajero"; Juan se designa a sí mismo como tal. San Lucas describe a Juan como un predicador que llama a la conversión absoluta y exige la renovación: "Que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece, y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntos" (Lc 3, 10-14). Se trata de una renovación, de un cambio, de una conversión que reside, sobre todo, en un esfuerzo para volver a la caridad, al amor a los otros.