Arquidiócesis de Xalapa

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¿Qué nos enseñan las posadas?

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María Gabriela Hernández Cuevas

Pasa por desapercibida la gran enseñanza que pueden dejar las posadas, la verdad es que todos nos distraemos con las piñatas, la comida y los dulces, pero si nos detenemos a pensar en su significado y en lo que enuncia el canto para pedir posada, descubriremos un gran regalo.

El origen de las posadas se remota a los misioneros agustinos del convento de Acolman que para alentar a los pobladores a prepararse a la fiesta de la Navidad y como forma de evangelización, nueve días antes organizaban estas reuniones, signo de los nueve meses que María tuvo en su vientre a Jesús.

Las posadas inician el 16 de diciembre y terminan el 24, y dentro de sus más significativos momentos, está el canto tradicional, en el que, a dos coros, unos piden posada dando voz a San José y otros fungen el papel de hospederos. Este canto de autor anónimo nos habla de la belleza del Adviento y la Navidad, aunque pareciera poco profundo e incluso gracioso, esconde la historia de muchos de nosotros, quienes vamos caminando en la vida con un corazón endurecido. Al principio negamos que Jesús venga a hospedarse en nuestro interior, pero no por ser malas personas, sino porque es un desconocido, no queremos que nos haga daño. Así como el canto de posada, conforme en nuestra vida se nos va revelando quién es José, quién es María y a quien lleva en su vientre, vamos dejando entrar el amor que derraman.

Después de que los hospederos reciben a los peregrinos comienza la fiesta y la comida, pues así en nuestro caminar espiritual. Cuando la Sagrada Familia y en especial Jesús entra en nuestra casa, todo cambia y celebramos tal acontecimiento, vemos con otros ojos. Ya escribía el Padre Benigno Zilli (+): “Poco a poco va cediendo la mala voluntad, o cerrazón egoísta de los que están dentro y van pasando por una gama de sentimientos: pura molestia, enojo, duda, sorpresa un poco burlona – tono zumbón-, enorme alegría. La clave de este cambio –que es un remedo de la catástrofe, o transformación radical que suele operarse en los grandes dramas- está en el recurso a la anagnórisis, o reconocimiento de los personajes: ¿Eres tú José? ¿Eres tú María? ¡Entren peregrinos! ¡No los conocía! Los de dentro resultan a la postre tan buenos como los de fuera. Su problema era sólo el desconocimiento de quiénes eran los que pedían la posada”.

Las posadas nos enseñan a preparar la Navidad a ir semana tras semana del Adviento dejando fuera los prejuicios, la comodidad, la incredulidad, la desconfianza, para en Navidad abrirle paso a la generosidad.