Arquidiócesis de Xalapa

Inicio  ›  Noticias

Las virtudes se aprenden en el hogar

Compartir

Lila Ortega Trápaga

Virtud es la disposición de la persona para obrar de acuerdo a una conciencia educada en ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza.​ La virtud es un don que se fortalece con educación, y la buena educación viene de casa. Recordando que la familia es la célula de la sociedad, debemos saber que ningún organismo se puede consolidar sin sus células, por lo que pensar en progreso social menospreciando la familia, es una insensatez. Aquí la respuesta a porqué la Iglesia se mete en los asuntos de la familia y la sociedad.

Quien busca una sociedad humana y justa, debe servir en la educación de hombres más humanos y más justos, y estas virtudes se adquieren en un primer momento en la familia misma. Por ende, quien fortalece a la familia, ayuda a consolidar a la sociedad de manera ética y eficaz en el fortalecimiento del bien común. Y en este punto, debemos partir por buscar una correcta definición de la familia, formalmente constituida, y debemos buscar fortalecer la institución, puesto que nadie da lo que no tiene, y si las familias se quebrantan, se complica enseñar a los niños y jóvenes las virtudes correctas.

Para que los hijos aprendan las virtudes en casa, por principio se debe buscar que en esa casa se vivan las virtudes, a saber la Iglesia nos enumera siete:

Humildad, contra el pecado de soberbia.

Generosidad, contra el pecado de avaricia.

Castidad​, contra el pecado de lujuria.

Paciencia, contra el pecado de ira.

Templanza, contra el pecado de gula.

Caridad, contra el pecado de envidia.

Diligencia, contra el pecado de pereza.

Ante los argumentos falaces de hoy en día, que resaltan la libertad de pensamiento y acción en un new age donde lo único válido es lo personal, “lo que yo decida, lo que yo quiera y como yo lo quiera”, se descarta precisamente la formación armónica de la sociedad, pues si cada célula tiene una formación diferente, será imposible crecer en un mundo de virtudes donde impere la construcción del reino de Dios aquí en la tierra. Corresponde a los papás defender a toda costa que la educación de las virtudes se enseñe en casa, empezando con el testimonio. «La palabra convence, pero el ejemplo arrastra». Desconozco el autor, pero a mí me lo enseñaron mis papás.