Arquidiócesis de Xalapa

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Alianza de amor y fidelidad: La familia de Nazaret

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Pbro. Francisco Suárez González

La encarnación del Verbo en una familia humana, en Nazaret, conmueve con su novedad la historia del mundo. Necesitamos sumergirnos en el misterio del nacimiento de Jesús, en el sí de María al anuncio del ángel; también en el sí de José, que dio el nombre a Jesús y se hizo cargo de María; en la fiesta de los pastores junto al pesebre, en la adoración de los Magos; en la fuga a Egipto; en la promesa cumplida para Simeón y Ana en el templo, en la admiración de los doctores de la ley escuchando la sabiduría de Jesús adolescente. Y luego, penetrar en los 30 largos años donde Jesús se ganaba el pan trabajando con sus manos, susurrando la oración y la tradición creyente de su pueblo y educándose en la fe de sus padres, hasta hacerla fructificar en el misterio del Reino. Este es el misterio de la Navidad y el secreto de Nazaret, lleno de perfume a familia.

Los textos bíblicos que hacen referencia a la infancia de Jesús (Mt 1-2; Lc 1-2) son muy tardíos. Escritos hacia el año 80 d.C., más que descripciones históricas, se proponen darnos enseñanzas de gran riqueza y actualidad. La vida en Nazaret y los recuerdos que María guardaba en su corazón sobre la vida oculta de Jesús son todo un programa de vida para nuestras familias:

La familia de Jesús no vivía aislada, no era vista como un hogar extraño y alejado del pueblo, sino todo lo contrario. Por eso mismo a la gente le costaba reconocer la sabiduría de Jesús y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María? (Mc. 6,2-3). Esto confirma que era una familia sencilla, cercana a todos, integrada con normalidad en el pueblo.

Jesús tampoco creció en una relación cerrada y absorbente con María y José, sino que se movía gustosamente en la familia ampliada, que incluía a los parientes y amigos. Eso explica que, cuando regresaban de Jerusalén, sus padres aceptaban que el niño de doce años se perdiera en la caravana un día entero, escuchando las narraciones y compartiendo las preocupaciones de todos.

Jesús se presenta como modelo de obediencia a sus padres terrenos, sometiéndose a ellos, pero también nos muestra que la elección de vida del hijo y su misma misión pueden exigir una separación para cumplir con su propia entrega al Reino de Dios. Es más, él mismo a los doce años responde a María y a José que tiene otra misión más alta que cumplir más allá de su familia histórica.

“Jesús crecía en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres” (Lc 2,40). La sagrada familia era unida, armónica y llena de vida, pues era un espacio donde las personas crecían. José y María eran excelentes educadores, pues dejaban a su hijo “ser y cre-ser”.

La alianza de amor y fidelidad, de la cual vive la familia de Nazaret, ilumina el principio que da forma a cada familia, y la hace capaz de enfrentar mejor los problemas de la vida y de la historia. Sobre esta base, cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo.