Arquidiócesis de Xalapa

Inicio  ›  Noticias

Una familia como todas

Compartir

Pbro. Joaquín Dauzón Montero

Una familia, vista desde el punto de vista socio-religioso, es necesaria para dar vida, para favorecer el crecimiento y el desarrollo integral de la persona. Y así es la familia, motivo de nuestra reflexión, por eso puede imitarse, a pesar del misterio divino que la rodea. Sí, es una familia que se sujeta como todas, desde fuera, a las leyes socio-religiosas y desde dentro, sicológicamente, como llevar al hijo al templo para ser circuncidado, ser presentado, y para cumplir con la purificación.

A propósito de la purificación según san Lucas, no se trata sólo de María, sino de todos, así es traducido el texto por la Biblia del Pueblo: “Cuando el tiempo de su purificación” fijándose en el “su” que puede aplicarse a la Virgen, a José y a todos, porque es Jesús el que purifica el templo y a todos con su presencia. Por su lado la Biblia de la Iglesia en América traduce así: “La purificación de ellos”. Dicho esto, las notas de la biblia afirman que Lucas, en otros textos, pretende enterar a la comunidad y a todos que la familia de Jesús representa al pueblo o el resto de los creyentes que esperan la consolación de Dios, pueblo que a partir de la profecía de Simeón está dividido y sufriendo sus consecuencias. Y, a propósito de “la espada que atravesará” el alma de María, dice la Biblia Latinoamericana que lo más probable es que esta parte de la profecía esté ligada a la pasión y cruz de su hijo, y como madre sufrirá, en el silencio del amor, guardándolo todo en su corazón.

Como María y José, un padre y una madre, en una familia de las nuestras participa del misterio del amor por sus hijos. El amor encierra siempre un misterio que, pensándolo bien, pudiéramos comprender, aunque sea de lejos. ¡Cuántas veces quisiera uno conocer todo lo que pasa en el pensamiento y el corazón de aquella persona que uno ama, saltándonos su misterio! Pero, si es difícil hacerlo entre nosotros, lo es más, ante el misterio de Dios.

Ante el misterio de Dios y ante el misterio de los demás es necesario saber reverenciar. Y aquí resalta uno de los valores, según mi opinión, el más importante en nuestra vida diaria, el respeto. Uno no puede atropellar el misterio del otro, sólo nos queda, decía antes, guardar la distancia que hace posible nuestra individualidad. Debemos aceptar que el otro es nuestro semejante, pero único; nos relacionamos adaptándonos abnegada y valientemente, sin dominar y sin dejarse dominar, sin forzar a nadie.

Ama, pues quien sabe guardar silencio ante el otro, como María. ¡Cuántas veces tuvo que hacerlo esta singularísima mujer, esta madre de Dios y madre de la humanidad! Con razón es ejemplo a seguir quien, como pueden hacerlo nuestras madres, es el corazón de la familia.