Arquidiócesis de Xalapa

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Los santos inocentes no es una fiesta

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Lila Ortega Trápaga

«Un griterío se oye en Ramá (cerca de Belén), es Raquel (la esposa de Israel) que llora a sus hijos, y no se quiere consolar, porque ya no existen». Jer 31, 15

La Iglesia recuerda a los niños inocentes que murieron por orden del emperador Herodes, un hombre cruel y sanguinario que sólo deseaba mantenerse en el poder. Es por demás aclarar que una fiesta es alegría y gozo, mientras que recordar miles de inocentes arrancados de los brazos de sus padres para darles muerte, no puede ser motivo de alegría, sino de tristeza, de oración y recogimiento.

La matanza de los pequeños se dio porque el hombre que estaba al poder se sintió amenazado y al no poder dar con Jesús, aquél a quien habían anunciado los profetas, decidió la salida más sencilla: asesinar en masa, para así acabar con la probabilidad de que el niño sobreviviera. Y no es que el emperador no pudiera dar con el paradero del niño Jesús, recordemos que fue anunciado por los mismos ángeles, los pastores iban de todos lados y hasta los mismos reyes que llegaron de tierras lejanas se orientaron. Pero Herodes no solo era tirano, sino que prefirió la solución que consideró más fácil y rápida: matar a miles de inocentes.

Esta solemnidad se fue distorsionando para recordar el daño hecho a inocentes, y concluyó en bromas que se le hace a cristianos y personas inocentes a costa de la risa de sus victimarios. Tristemente pasamos, como en muchos datos trágicos, a tradiciones absurdas y violentas. Nada abona al ambiente social, el permitir y propiciar que se ridiculice a otros a costa de un video o una burla.

Encontramos también que la historia se repite, pues muchos políticos que aprovechando su poder, deciden asesinar a inocentes, solo que ahora los sicarios, son mujeres que en un falso ofrecimiento de libres derechos, se les adoctrina y provoca a que luchen pidiendo el aborto indiscriminado, con la sola bandera de empoderamiento, sin pensar que hay seres humanos dentro que sufrirán, siendo arrebatados del vientre, para ser masacrados.

La solemnidad de los mártires, santos niños inocentes, debe ser motivo para pedir perdón por nuestros pecados de omisión, por nuestro silencio ante tanta muerte de niños que se repiten hoy en día, y además, por no promover la educación de la defensa de la vida.

«La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente» Donum vitae