Arquidiócesis de Xalapa

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Tres puntos que no debemos dejar de cumplir para iniciar el año

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Irwing Contreras Sánchez 

Hace unos días pensaba en el hecho de que cada que comienza el año muchos hacemos promesas para cumplirlas a lo largo de los próximos doce meses. Entre ellas, las más sonadas siempre son hacer ejercicio, bajar de peso, levantarse más temprano, enojarse menos, pasar más tiempo con nuestros seres queridos, ahorrar dinero, etc. Y si bien es cierto, no tienen nada de malo, a veces terminamos por no cumplirlas, nos quedamos a la mitad, y lo peor, ni siquiera comenzamos. Pero ¿qué pasa en esos casos? ¿es que no hay suficiente motivación? ¿qué provoca que desfallezcamos en el camino, que no alcancemos la meta?

Dice la Palabra de Dios que “al discípulo le basta ser como su Maestro” (Jn 10, 25). Es decir, el discípulo busca ser como Jesús, es lo primero que está en su mente y su corazón, después de eso, de seguirle, “lo demás vendrá por añadidura” (Mt 6, 33). Es por eso por lo que antes de pensar en lo que podemos mejorar hacia afuera, la invitación de este año nuevo es mejorar hacia adentro, fortalecer otros ámbitos de nuestra persona que nos acerquen a ser como Jesús. Aquí les presento 3 cosas a tomar en cuenta para lograr este objetivo:

1. Disciplina en el entrenamiento

Así como los deportistas de alto rendimiento se someten a una disciplina en su entrenamiento, los discípulos que queremos ser como Jesús y mejorar nuestra vida también debemos hacerlo, pues si no lo hiciéramos de esa forma nos caeríamos ante cualquier adversidad que nos acechara.

Este entrenamiento debe centrarse en el regalo de la salvación, donde la fe en el Señor, que la ha otorgado, ayuda a proclamar la Verdad y alejarnos de la mentira, además nos permite experimentar en el corazón la justicia. Asimismo, este entrenamiento nos permite mantenernos con los pies descalzos, como signo de humildad, de que siempre estamos llamados a dar testimonio de lo que hacemos.

2. Tener una buena alimentación

Todo atleta tiene una excelente alimentación y nunca la descuida, pues es sumamente importante para realizar su deporte en el más alto rendimiento posible. Para aquellos que queremos seguir el camino de Cristo, también tenemos que realizar un esfuerzo por cuidar lo que comemos, incluso privarnos de algunas cosas.

El mejor alimento que provee de los mejores nutrientes para el espíritu es la Palabra de Dios, pues con ella podemos fortalecer nuestro músculo espiritual. “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4). Su Palabra es fuente de energía y a nosotros nos permite entablar una conversación con Él, ya que cuando leemos o escuchamos su palabra, nuestro corazón ora, y en la oración encontramos aún más fuerte el sentido filial de hijos que nos vincula a Dios.

3. Seguir el reglamento

El atleta siempre compite de acuerdo con los reglamentos estipulados en su disciplina deportiva, pues aquel que no lo hace puede ser descalificado, expulsado o vetado del deporte.

En el caso de los discípulos que seguimos a Jesús, también estamos invitados a seguir un reglamento, que no consta de varias hojas y numerales, sino que está centrado en dos puntos sumamente importantes que resumen todo lo que Dios quiere que hagamos. “Amar a Dios con todo su corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6, 5) y amarnos unos con otros como Cristo nos ha amado” (Jn 13, 34). Seguir el reglamento implica un distintivo para los seguidores de Jesús para que así todo mundo nos pueda reconocer.

Este año puede representar una nueva oportunidad para hacer promesas como las de siempre, sin embargo, después de un año tan complicado como el que vivimos en el 2020, creo que es momento de comenzar de otra forma, con nuevos objetivos que nos lleven al encuentro cara a cara con Jesús, el único y verdadero entrenador, el mejor Maestro.