Arquidiócesis de Xalapa

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San José, Padre en la obediencia

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Pbro. Francisco Suárez González 

El papa Francisco en su carta Apostólica Patris Corde, exalta la paternidad de San José en la obediencia a la voluntad del Señor; la cual, aprendió también, de él su hijo Jesús; con estas palabras:

“En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní. José, en su papel de cabeza de familia, enseñó a Jesús a ser sumiso a sus padres, según el mandamiento de Dios (cf. Ex 20,12). En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario (cf. Jn 4,34)”

Es por eso, que una de las primeras virtudes que los padres tienen que enseñar a sus hijos desde que son muy pequeños es la de la obediencia, principalmente en relación con los valores que consideren importantes en la vida. Aunque en los primeros años de su vida, los hijos no se dan cuenta de que están obedeciendo, porque todavía no saben distinguir entre lo que es obedecer y lo que es desobedecer. Pero esta virtud la van adquiriendo, junto a las otras virtudes a través del hábito de la repetición. Los padres tienen que adelantarse en irles creando hábitos como el orden y la responsabilidad para que se conviertan en virtudes. A medida que los hijos van siendo mayores, puede haber una fase de explicaciones o negociaciones en las órdenes emitidas por los padres. Los padres dan a los hijos seguridad, cariño y un sentido de estar a gusto y esta acción motivadora es la que les lleva a cumplir con los deseos de los padres.

Algunos hijos desobedecen a sus padres en relación con las normas de conducta en la ropa, horarios, estudios, administración del dinero, etc., pero obedecen a otros líderes, a los ídolos mediáticos, a los entrenadores deportivos, etc., es decir a personas que no tiene valores fuertes pero que se los han ganado. Por eso es una grave obligación de los padres ganarse a los hijos, principalmente con el ejemplo y con los buenos y adecuados consejos.

Los padres tienen derecho a ser obedecidos, y más interés tendrán los hijos en obedecer en cuanto valoren sus esfuerzos en hacerlo. Cuando los hijos están bien educados en la virtud de la obediencia, tendrán más posibilidades de obedecer a otras personas y sobre todo les será más fácil el cumplimiento de otro tipo de obligaciones. La virtud de la obediencia debe ir creciendo paulatinamente en calidad y en importancia, de ahí que los padres deben irla fomentando en cosas importantes, no en las superficiales, pues más vale la calidad de la obediencia que la cantidad.