Arquidiócesis de Xalapa

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La Participación Social no es una moda

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Manuel Liaño Carrera 

Para los católicos, la Participación Social no es algo nuevo o una moda temporal. Para ilustrar lo anterior, es oportuno recurrir a una parte del texto de la carta a Diogneto, que es un pergamino fechado a finales del Siglo II después de Cristo (el cual se encontró en Constantinopla hasta el Siglo XV), está dirigido a un tal Diogneto y le platican de cómo vivían los cristianos en relación con otros credos de la época: en efecto, dice el texto, los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por la nación, ni por la lengua, ni por el vestido. En ningún sitio habitan ciudades propias, ni adoptan un modo peculiar de vida.

Es decir, los cristianos del Siglo II eran ciudadanos comunes, no vivían en una especie de “cristianópolis”, ni hablaban un idioma diferente, ni vestían de algún modo peculiar.

Retomo el texto de la carta, recordando se refiere al Siglo II: No defienden una enseñanza peculiar, viven y habitan ciudades griegas y bárbaras según le correspondió a cada uno de nacimiento, y aunque siguen los mismos hábitos de cada lugar en el vestido, la comida, y demás género de vida, manifiestan y así son reconocidos, la admirable y singular condición de su ciudadanía. Participan en todo como ciudadanos, pero lo enfrentan todo como si fueran extranjeros. Obedecen las leyes establecidas, pero SUPERAN las leyes con su particular manera de vivir comprometiéndose activamente por el bien de la sociedad.

Es la comunidad cristiana del Siglo II que nos habla a nosotros hoy en el año 2021. La participación ciudadana para los cristianos, nuestra participación social en el marco de la democracia, como la entiende la Doctrina Social de la Iglesia, implica ir más allá, de alguna manera superar lo que la misma ley exige.

Me importa mi realidad y mi entorno, como también me importa el prójimo y mi comunidad, debo de salir de mi zona de confort e involucrarme en la solución de problemas sociales que afecten al bien común. Es decir, hoy en día estoy obligado a la obediencia de las leyes y a votar cuando haya elecciones, sin embargo, no es suficiente, pues estamos llamados como los primeros cristianos, a comprometernos activamente por el bien de la sociedad, lo cual, requiere de cada uno de nosotros una participación activa más profunda.