Arquidiócesis de Xalapa

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XXIX Jornada Mundial del Enfermo

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Celeste del Ángel 

En el año 1992 el Papa Juan Pablo II decidió que cada 11 de febrero se celebrara la Jornada Mundial del Enfermo, debido a que este mismo día se corresponde con la festividad católica de la Virgen de Lourdes; a quién se le ha acreditado una amplia variedad de milagros en la cura de muchas personas que tenían sus días contados.

En su mensaje por la XXIX Jornada Mundial del Enfermo, el Papa Francisco mencionó que esta ocasión será un momento propicio para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades, en particular, quienes sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus.

El tema de esta Jornada se inspira en el pasaje evangélico en el que Jesús critica la hipocresía de quienes dicen, pero no hacen (cf. Mt 23,1-12). Cuando la fe se limita a ejercicios verbales estériles, sin involucrarse en la historia y las necesidades del prójimo, la coherencia entre el credo profesado y la vida real se debilita.

La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternación, se apoderan de la mente y del corazón; nos encontramos en una situación de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos “angustiemos” (cf. Mt 6,27).

Aunque la mayoría de los católicos deciden dedicar toda la velada para orar por sus familiares enfermos o por los enfermos del mundo, una buena forma de llevar alivio a las personas que sufren por algún mal de salud, es simplemente visitarlos y llevarles un hálito de esperanza, así como recaudar fondos o medicinas para los más necesitados o simplemente dedicar algo de tiempo y crear actividades que les hagan olvidar por un segundo la condición en la que se encuentran o que están internados en un centro de salud. El vivir esta cercanía de forma comunitaria genera una comunidad capaz de sanar, que no abandona a nadie, que incluye y acoge sobre todo a los más frágiles.

Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren.